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El espejo de Paulino Rivero

Publicado en Dossier Opinión
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Por Jesús Ramos Domínguez (*)

 

El presidente del Gobierno de Canarias se despierta temprano. Estira su coyuntura económica turísticamente. Bosteza sueños medioambientales. Sonríe sosteniblemente en el espejo de su amplio baño, contemplando la claridad de su reflejo amable, ecologista, de buena gente.

 

Desnudo, observa sus brazos atlánticos, su pecho salpicado de dragos milenarios, sus piernas exóticas, fuertes, flexibles; como troncos de palmeras, su sexo nacionalista, sus labios comediantes de palabras futuras, sus ojos estancados, sus amplias orejas agradecidas, donde patrióticos empresarios realizan prospecciones muy rentables.

 

El presidente del Gobierno de Canarias se viste despacio. Respira profundamente, desprendiéndose de las preguntas que lo desenmascaran. Purificado, el hombre del gas, de los trenes veloces, el ilusionista de las energías renovables, el agricultor del aire, el protector del suelo rústico enriquecido de hormigón, de asfalto, de líneas de alta tensión, el verdugo de sebadales, el fabricante de estériles oportunidades, el bloguero de la participación, de la transparencia, del rigor, de la honestidad y del compromiso; se peina las olas que bañan su frente y se afeita los brotes de desvergüenza que pueblan su virilidad política.

 

El presidente del Gobierno de Canarias repasa el guión de su película, preparándose un zumo de responsabilidad. El actor principal es un gobernante desorientado, vencido por sus egos. Un creador de desigualdades sociales, de promesas ciegas. Un falsificador de la esperanza que agota su reinado, prometiendo justicia a la ciudadanía herida de mentiras.

 

La entrada de un WhatsApp en su móvil, interrumpe la emoción del final. Molesto lo abre y lo lee murmurando: “Los presidentes tenemos que vivir como vive la mayoría, y no como vive la minoría. No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivir con lo justo para que las cosas no me roben la libertad. La política es la lucha por la felicidad de todos”. – José Mujica, presidente de Uruguay.

 

El chofer llega puntual. El cielo alborotado de calima presagia viento moderado. El coche se pone en movimiento hacia su primer compromiso: la búsqueda de la decencia.

 

 

(*) Escritor.

                                             


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