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Conmoción, vergüenza y compromiso

Publicado en Dossier Opinión
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Juan Carlos Sánchez Reyes (*)

 

 

Con la celebración de la reciente "Cumbre extraordinaria sobre migración", Europa intentó lavar sus conciencias, tras el drama del barco que se hundió con cerca de 900 personas a bordo, en su ruta hacia Italia el pasado mes de abril.

 

Sin embargo, la complejidad de la situación, agravada por la incesante oleada de inmigrantes procedentes de África en su ruta hacia los puertos del Mediterráneo, exige a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE a cambiar de perspectivas y llegar a acuerdos de urgencia por encima de sus diferencias sobre política migratoria.

 

En medio de una crisis social y humanitaria sin precedentes, la gravedad de estos sucesos dependerá de la celeridad con que los ministros de Asuntos Exteriores y de Interior de la Unión Europea adopten compromisos, bajo un enfoque común, en los que se combine medidas concretas de solidaridad con otras que ofrezcan soluciones y recursos suficientes, en países como Túnez, Sudán o Egipto, en una primera etapa, en lugar de jugar al avestruz para intentar mantener las tragedias alejadas de Europa.

 

El tiempo apremia. Los jefes de Estados y de Gobierno deberán discutir en junio próximo una propuesta solvente sobre un nuevo modelo de política migratoria, en la que se englobe una mejora de las vías legales para acceder al continente, mejores controles de la seguridad interna de cada país y luchar de manera más eficaz contra las redes de tráfico de inmigrantes.

 

No caben más aplazamientos ni medias tintas. Los Estados miembros han mostrado hasta ahora más reticencias que puntos comunes para avanzar en soluciones viables sobre el problema de la inmigración.

 

Sin embargo, además de estas acciones a corto plazo, algunos expertos instan a la UE a tomar decisiones de forma inmediata para colaborar de manera influyente en los países que constituyen un foco de pobreza e inestabilidad, y que ofrecen un claro testimonio del caos y la miseria en la frontera sur de la Unión Europea, el verdadero desencadenante de estas tragedias.

 

Y aunque desde el seno de la alta diplomacia comunitaria se reitere que la fronteras, de una y otra parte del mundo, no están en peligro, urge que todos los implicados –países de origen de la inmigración, jefes de Estados y de Gobierno, ministros de Exteriores e Interior, ONU, organizaciones internacionales y humanitarias de África y Europa- solucionen cuanto antes este desafío global, porque las dudas ya están afectando no sólo a las cada vez más débiles fronteras europeas, sino a la credibilidad y a los cimientos mismos de la UE.

 

 

(*) Director de CanariasCNNews


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