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El Modelo de financiación autonómica, una gran derrota para Rajoy

Publicado en Dossier Opinión
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Por Juan Carlos Sánchez Reyes

 

Ha tenido que pasar más de un año para que el gobierno de Mariano Rajoy reconozca la inutilidad de las negociaciones con Cataluña. En la última cita en el Senado quedó blanco sobre negro que la mayoría de los grupos políticos no han aprobado la última reunión secreta que el presidente del Gobierno y el presidente de Cataluña, Artur Mas, han mantenido en la Moncloa, al considerar que sobre el estado de las autonomía hay que introducir profundos cambios en su redacción porque no se ajusta a la legalidad constitucional.

Ello supone una gran derrota política para Rajoy, Mas y demás apóstoles gubernamentales del Estatuto que siempre han defendido que tenía un innegable “enchufe” en la Constitución.

Fiel a su oportunismo de siempre, en contra de lo que interesa al resto de las comunidades autónomas, ambos líderes estuvieron de acuerdo, una vez más, en la flexibilización del déficit autonómico para 2013 y aunque parece haber trascendido que discreparon de los planes soberanistas del gobierno catalán, todo parece más ruido que nueces.

Puede plantearse qué viene antes, si el huevo o la gallina; si es el proyecto soberanista de Mas el que hace imposible el avance hacia un posible acuerdo, o es la ausencia de concesiones de Madrid lo que fomenta la querencia secesionista de las élites políticas catalanas. Falso debate.

Es compresible que los presidentes de las comunidades no acepten determinadas reglas del gobierno central que van contra los derechos históricos  de sus  ciudadanos. Pero lo que no es admisible es que Rajoy esté negociando bajo la mesa una serie de acuerdos con Mas por la vía del ejercicio del agravio comparativo para que de la caja común salga, partida tras partida, destinada a satisfacer los proyectos mezquinos y disparatados de CIU.

Sería una ingenuidad suponer que el diseño del modelo autonómico ha sido hasta ahora objetivo, contrastado y justo. Todos los gobiernos desde la transición han sido acusados, con mayor o menos virulencia, de la utilización de este modelo a la carta para beneficiar a unas comunidades en detrimento de otras. Pero si algo caracteriza a la etapa de Mariano Rajoy y su equipo es el descaro absoluto con que se exhibe e impone la sumisión incondicional a los intereses catalanes, utilizando el método del avestruz que parece haber hecho nido en la Moncloa.

En este despilfarro de recursos públicos, Canarias ha sido una de las comunidades más afectadas por la debilidad de una política estatal criticada incluso desde Bruselas, ante la mastodóntica deuda histórica que acumula Cataluña.

Está claro que, a la hora de la verdad, Rajoy supedita los derechos y el bienestar del resto de los españoles a la conveniencia miope de Mas y los suyos. Por ello sería lamentable que el gobierno central insista en el error. Quien quiera gastar más, tiene que subir impuestos y está obligado a rendir cuenta de ello ante sus ciudadanos. Ni más ni menos.

Lo saben los expertos en la materia. Si importante es el proceso de elaboración y tramitación parlamentaria de los Presupuestos Generales del Estado, no lo es menos su ejecución. La madurez democrática de un país, el respeto de los Gobiernos a sus instituciones y, en definitiva, su eficiencia técnica se mide por el grado de distanciamiento con que se ejecuten las decisiones contenidas en ese cuerpo legal. Lo contrario sería una lamentable decepción, como al parecer sigue sucediendo.

 

 

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