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Ocho décadas a la vanguardia de la Artesanía

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Canarias Cultura & Negocios

 

Con incansable actividad creadora, la empresa “Hijos de Wenceslao” ha conseguido preservar durante dos generaciones la identidad de un oficio ligado al acervo cultural isleño. Fundada por Wenceslao Yanes en 1928, a partir de un taller de hojalatería y latonería abierto en la calle Herradores, sus hijos tomaron el testigo para dar continuidad a un proyecto ejemplar que ahora tiene sus instalaciones en la calle Wenceslao Yanes de La Laguna.

 

En la ciudad universitaria, en el barrio el Cercado del Marqués existe una casa inconfundible –mitad taller, mitad museo- donde aún se fabrican casos de leche, mechones de petróleo o faroles de “campo”, similares a los que usaron nuestros abuelos durante el siglo XX. Seguro que en alguna de nuestras casas hay (o ha habido) algún utensilio fabricado por el imaginero Wenceslao Yanes, patriarca de una saga de artesanos latoneros cuya virtud no sólo fue forjar desde 1928 las bases de una aventura empresarial apasionante, sino también saber transmitirla a sus hijos Rafael, Isidoro, Wenceslao y José, convirtiéndola en pionera dentro del panorama artesanal canario.

 

Fidelidad a la raíces y dominio del oficio son los dos grandes ejes que han garantizado el hacer de este taller histórico, que a golpe sutil de pie de rey y mágicas soldaduras han domado la materia indócil del latón o la hojalata para conseguir piezas de un alto valor funcional que han sido utilizadas por diferentes generaciones de familias canarias. La filosofía de la empresa siempre ha sido la misma: ofrecer el mejor servicio al cliente.

 

 

De manera que si al inicio el principal objetivo objetivo fue buscar la funcionalidad para cada utensilio (con estos recipientes se ordeñaba y se medía la leche de las cabras, se medía el aceite en las tiendas o se alumbraba el interior de las galerías o una casa. Por lo tanto su trabajo había de ser de una precisión milimétrica), con el paso de los años se fueron introduciendo elementos creativos que trascendieron su condición utilitaria para convertir las piezas también en objetos decorativos y, en ocasiones, coleccionables.

 

“Cuando nuestro padre comenzó el oficio, las piezas tenían un carácter muy utilitario. Se abastecía a la población de objetos de uso cotidiano que le servían tanto para alumbrarse como para otros menesteres. Mi padre hacía lecheras y también las reparaba, era un ciclo completo. Más tarde, en los años 40 y 50 se comenzaron a hacer los comederos, bebederos y otros equipamientos necesarios para las granjas de gallinas”, afirma Wenceslao (hijo). Pero la demanda aumentó y comenzaron también a fabricar piezas para muy distintos fines, entre ellas los primeros letreros publicitarios en soporte de latón para el periódico El Día y los cines Greco, además de objetos litúrgicos (candelabros, sagrarios, etc.), farolas y lámparas de alumbrado.

 

 

Una pasada por el pasado

El fundador le confió el futuro del taller a los hijos y tras su muerte, éstos tomaron el relevo siguiendo las enseñanzas de su padre de reproducir piezas antiguas, farolas, floreros y un sinfín de reproducciones de objetos originales que se han convertido en símbolo del taller y que ya son parte de la historia y de la identidad de la empresa. Asimismo, han comenzado a elaborar piezas decorativas como las lecheras convertidas en lámparas que incorporan en su interior un belén canario con motivo de las fiestas navideñas, o las célebres capuchinas que utilizan aceite de parafina para proveer una iluminación agradable, sin desprender humo.

 

Con el tiempo, “Hijos de Wencesalo” se ha convertido en un icono de la artesanía canaria. Y ello se debe sobre todo al cuidado que han puesto sus integrantes, desde sus orígenes, para sobrevivir a fuerza de innovación en un mercado tan competitivo.

Sin embargo, la historia de esta empresa podría terminar en breve por no existir continuadores que se hagan cargo de la tradición. Por ello, el gran sueño de estos artesanos, casi octogenarios, es conseguir con apoyo público un espacio donde puedan exhibir la gran colección de piezas que han recopilado durante tantos años de trabajo. “Allí podríamos instalar un taller modelo con nuestras maquinarias, herramientas y plantillas utilizadas durante todos estos años en la elaboración de las piezas, con el fin de que sirvan de museo vivo para conocimiento de las futuras generaciones”.

 

Su apuesta por intentar preservar el oficio va en serio, y para ello se han propuesto elaborar un manual práctico de hojalatería y latonería en el que se recogerían todos los conocimientos que les transmitió su padre, así como sus experiencias acumuladas a lo largo de su vida como artesanos.


Su legado artesanal
De los trabajos que han realizado a lo largo de estos años destacan las lámparas elaboradas para el aeropuerto de Guacimeta en Lanzarote, fabricadas a partir de un diseño de César Manrique; un conjunto de farolas de grandes dimensiones confeccionadas para el hotel Bahía del Duque, así como las luminarias de la Escuela de Náutica, de Santa Cruz de Tenerife.

 

Recientemente, la Fundación Tenerife Rural, patrocinada por el Cabildo, ha otorgado el Premio Tenerife Rural a la Conservación del Patrimonio Agrario y de las Tradiciones Rurales al Taller artesano HIJOS DE WENCESALO YANES.

 

El consejero insular de Agricultura, Ganadería y Pesca, José Joaquín Bethencourt, destacó que estos premios reconocen “la trayectoria de aquellas personas o entidades que destacan por su aportación a la conservación de la biodiversidad agrícola y ganadera, al mantenimiento de las prácticas agrarias tradicionales de alto valor ambiental, a la recuperación y conservación del patrimonio rural vinculado a la actividad agraria de Tenerife, a la labor de investigación y difusión de nuestras tradiciones y a la innovación empresarial sostenible en el medio rural”.

 

Wencesalo y José Yanes, continuadores del taller que su padre fundó en 1928, se han convertido en uno de los exponentes más genuinos de la artesanía tradicional canaria cuyas piezas de hojalatería se han convertido en fiel testimonio del tipo de faroles, carburos, capuchinas y cazos de leches utilizados a lo largo del siglo XX en la isla, con sus implicaciones artesanales, sociales y funcionales, aún presentes en la memoria y la identidad de su pueblo.

 

 


 

 

 



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