Usted está aquí: HomeCULTURAArtesanía“Me ilusiona transmitir mis conocimientos a las nuevas generaciones”

“Me ilusiona transmitir mis conocimientos a las nuevas generaciones”

Publicado en Artesanía
Valora este artículo
(0 votos)

Antonio Jiménez es un ejemplo que ilustra la pluralidad funcional del oficio artesanal. No sólo atesora una valiosa obra artística repartida por todo el mundo, sino también una meritoria labor educativa y una forma pura de proyectar la artesanía que lo han convertido en uno de nuestros grandes maestros artesanos.

 

Por Canarias Cultura & Negocios

 

En una de esas memorables mañanas solea­das del Puerto de la Cruz, antes de iniciar la entrevista, el maestro dijo con esa gracia tan suya: “Tú perdóname, pero procuro ser siem­pre muy detallista en todo, pues he obser­vado que los defectos de una obra se reflejan muy vivamente en la memoria de quien luego la observa”.

 

Frase que ilustra muy bien a este imaginero, nacido en Granada pero afincado en La Cuesta hace más de 50 años, cuyos atribu­tos más visibles son una contagiosa lealtad por todo lo que hace y una sosegada expre­sión propia de quien ha sabido cumplir bien con la obra de la vida.

 

“Aprendí el oficio a los 13 años, creando figu­ras de Belén, en los talleres gremiales. Allí empezabas barriendo (bajo la atenta mirada del jefe), para luego convertirte en aprendiz, aprendigón, oficial de tercera, de segunda y de primera. Y a partir de ahí, podías indepen­dizarte y adquirir la categoría de maestro”, nos cuenta el octogenario artesano quien trabaja en su taller familiar, junto a sus hijos Antonio y Andrés, recuperando la taracea canaria, oficio ancestral, que consiste en una derivación de la taracea árabe anda­luza, con incrustaciones de hueso, marfil, ébano y conchas en la madera.

 

Antonio, quien se considera admirador de la belleza sutil que hay detrás de todas las cosas, ha desempeñado los más diversos oficios: ornamentación clásica, policroma­dos, dorados, restauración, tallas, escultu­ras, altares, piezas utilitarias y decorativas, taraceas, marquetería, torneados en dife­rentes soportes (marfil, ébano); y cada uno le ha aportado algo especial: “Debo confesar que a través de la artesanía me he realizado como persona y como profesional. Con ella he podido ser una persona libre y además poder expresar todo lo que llevo dentro”.

 

Porque la obra de Antonio Jiménez es un ejemplo de voluntad y de rigor artesanal, actitudes con las que ha ido superando todas los retos que impone esta profesión. “Yo siempre he dicho que para aprender artesanía hay que estar muy motivado. Este oficio no está reñido con la comodidad. Implica una buena dosis de sacrificio para aprender todo lo hermoso que hay en él”.

 

“Necesitamos nuevas generaciones de artesanos, a las que hay que decirle que la artesanía no es la hermana pobre de las profesiones y que es tan digna como las demás”.

 

Su gran ilusión: formar un taller de artesanos

La gran ilusión de Antonio siempre ha sido formar un taller de artesanos de forma gre­mial. “Yo no he inventado nada. Mi formación se la debo a otras personas. Por lo tanto, me siento en la obligación de transmitirla a las nuevas generaciones”, confiesa este hom­bre generoso que finalmente pudo satisfacer su vocación de maestro en el Taller de Talla de Madera de la Universidad Popular “Fran­cisco Afonso” del Puerto de la Cruz, hace más de 20 años, donde ya tiene garantizado un relevo generacional.

 

 

Su alumno aventajado es Juan Antonio Álvarez Rodríguez, licenciado en Bellas Artes, quien como dice Antonio “no encontraba a nadie que se dignara en ense­ñarle los secretos del oficio”. Natural de La Orotava, Juan Antonio comenzó desde niño con su padre a tornear y a realizar sus pri­meras piezas por encargo. Pero fue Antonio quien perfeccionó su técnica de tallista.

 

Antonio y su alumno posaron frente a frente. El maestro entregando a su relevo las herramientas con las que consiguió demostrar su virtuosismo, como un autén­tico abrazo entre dos generaciones. “Anto­nio siempre me ha dicho: que te enseñen el oficio que el arte lo pones tú”, concluyó Juan Antonio.

 

“Aprender el oficio me ha costado mucho. La profesión artesanal no se aprende en un día. Recuerdo que vine al Puerto pensando que todo iba ser rápido. Pero la realidad me ha demostrado lo contrario”, nos cuenta deslumbrado este joven tallista, quien mientras Antonio hablaba no se atrevía a romper su discurso cargado de respeto y admiración.

 

De la mano de su maestro comenzó a dibujar y proyectar, a estu­diar las vetas y la densidad de la madera, a modelar esculturas, a dominar los estilos clásicos y a tallar diferentes piezas. “Ha sido un proceso completo de educación. Antonio nunca ha escatimado en ense­ñarme nada de la profesión. He aprendido desde la puntualidad que se debe tener con el horario, hasta el grado de paciencia que se necesita para conocer y dominar la suti­leza de este oficio”.

 

 

 

Algunas piezas de la colección de Antonio Jiménez:

  • Virgen de la Macarena. Iglesia de la Concep­ción, Santa Cruz de Tenerife.
  • Imagen de San Juan de Dios, clínica de San Juan de Dios.
  • San Juan de Dios, tallado en ébano, de unos 45 cm. de altura, con cabeza, pie y mano de marfil, ubicado en la farmacia del Vaticano.
  • Cristo de la Esperanza, de un metro y 84 centímetros de altura Cristo de Fañabé.
  • Soporte del cuadro de la virgen de la Con­solación, en la Iglesia de Santo Domingo de La Orotava
  • Retablo de un lateral de la iglesia de Igueste de San Andrés, de estilo barroco granadino.
  • Andas de la iglesia de El Salvador de la Matanza, con policromías en su cúpula.
Visto 1766 veces

 

 

 



Construcciones CAMAN 
 
 

 



Plusultra

 

 

Contáctenos

  • Email: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
  • Website: http://www.canariascnnews.com