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Ángel Rivero Méndez: las peripecias de un emigrante canario

Publicado en Emigración
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Fue el último resistente de la ocupación norteamericana en Puerto Rico e inventor de la Kola Champagne

 

Patriota, escritor, periodista y empresario, Ángel Rivero Méndez (1856-1930), un puertorriqueño originario de Trujillo Alto, hijo de dos emigrantes canarios, resume como nadie las contradicciones vitales de los hijos de Borinquén en el tránsito de la colonia española a la ocupación norteamericana. Pero es también, al mismo tiempo, un certero exponente del arraigo y firme asentamiento de la migración canaria en la Isla, consolidada desde el impulso fundacional del siglo XVIII y reafirmada en su mundo rural en la centuria siguiente con nuevas cadenas migratorias, especialmente en las comarcas norteñas e interiores de la isla.

 

Por Manuel Hernández González (*)

 

Ángel Rivero Méndez (1856-1930), un puertorriqueño originario de Trujillo Alto, hijo de dos emigrantes canarios, resume como nadie las contradicciones vitales de los hijos de Borinquén en el tránsito de la colonia española a la ocupación norteamericana. Pero es también, al mismo tiempo, un certero exponente del arraigo y firme asentamiento de la migración canaria en la Isla, consolidada desde el impulso fundacional del siglo XVIII y reafirmada en su mundo rural en la centuria siguiente con nuevas cadenas migratorias, especialmente en las comarcas norteñas e interiores de la isla.

 

Una familia de inmigrantes canarios

Rivero Méndez nació el 2 de octubre de 1856 en Trujillo Bajo, una localidad norteña de Puerto Rico fundada a principios del siglo XIX  por inmigrantes canarios y cuya denominación actual es Carolina. Su madre, Rosa Méndez Rodríguez,  era originaria de Las Palmas. La forma en que fue a parar a Puerto Rico es expresiva del papel y la mentalidad de la mujer isleña ante la migración, un rasgo diferencial que no se da en el resto de las migraciones españolas, en las que el componente masculino es abrumadoramente mayoritario.

 

Su madre la depositó en un convento de monjas para inducirla a la vida monacal. Disconforme con ello se escapó un día de ese recinto cuando el carbonero dejó abierta la puerta del claustro. Se refugió en la casa de una tía suya que le dio cobijo. Tras decidir esta última emigrar a La Habana en 1838 para dar con su marido, que ejercía como comerciante en la capital cubana, se embarcó con ella en el bergantín Virgen del Carmen. Desgraciadamente su tía falleció durante la travesía, siendo sepultada en el mar junto con sus ropas de cama, en las que llevaba ocultos papeles y dinero, por lo que la joven quedó sin amparo y sin noticias de su tío. Al fondear el buque en el puerto de San Juan de Puerto Rico, pasaron a bordo las autoridades, al mando del general Miguel López Baños, capitán general de la isla, quien se compadeció de ella y le dio alojamiento en palacio mientras se recibían noticias de Canarias.

 

Por su parte, el padre de Ángel, Juan Rivero de la Vega, era un campesino de Gran Canaria, natural de Telde. Por aquellos años no existía en Canarias servicio militar, sino milicias, pero de forma periódica las autoridades recurrían a confiscaciones forzosas o levas militares para dotar de soldados a las guarniciones antillanas. De esta forma, De la Vega fue reclutado obligatoriamente y destinado a San Juan de Puerto Rico, donde ingresó como soldado raso en el regimiento de Granada.

 

Tras servir en el ejército el tiempo reglamentario, abrió una tienda y, como reflejó su hijo, “subió como la espuma”. Conoció a su futura esposa y decidieron contraer matrimonio, recibiendo el honor de ser apadrinados por López Baños y su esposa. El matrimonio decidió dedicarse finalmente a la agricultura donde se convirtieron en los más significados colonos de la Hacienda Providencia, establecida en Campo Rico, Carolina. Sin embargo, el hundimiento de los precios del azúcar en 1870 casi les condujo a la ruina.

 

Una noche los progenitores de Ángel Rivero fueron asaltados por unos forajidos. Su padre, que ya tenía 76 años de edad, resultó herido, mientras que su madre se vio obligada a huir en ropas menores al campo para salvar su vida. Le robaron efectos y grandes sumas de dinero, escapando de la muerte gracias a la intervención de su perro. Poco antes de partir a cursar estudios militares en el colegio de artillería de Segovia, el padre de Ángel le dijo que si hacía escala en Canarias, preguntara en su isla natal por sus abuelos, que por parte de madre eran del barrio de Triana en Las Palmas y por la de su padre, de Telde. Y añadió: “toda tu parentela es de comedores de gofio”, nombre con el que eran conocidos en América a los canarios por ser la harina tostada y molida su alimento principal.

 

Héroe y relator de la resistencia frente a la ocupación americana

Tras estudiar enseñanza primaria y secundaria en el colegio de los jesuitas de Santurce, Ángel Rivero se dedicó a la carrera militar, incorporándose a la Academia de Infantería de Puerto Rico. El 16 de octubre de 1882 contrajo nupcias en San Juan de Puerto Rico con la criolla Manuela Boneta Babel. En 1885 se trasladó a la Península, donde estudió en la Academia General Militar de Toledo, sobre cuya ciudad dio a luz un libro, Toledo. Descripción histórica de la ciudad y de la Academia Militar de la misma (Toledo, 1885) y en la Academia de Artillería de Segovia, en la que en 1889 se graduó como ingeniero industrial.

 

Retornado a comienzos de 1890 a Puerto Rico, se integró en el doce batallón de la capital, en el que alcanzó el rango de capitán. Empleo que compaginó con la impartición de clases de matemáticas y química en el Instituto de Segunda Enseñanza de San Juan. Fueron años de activa defensa del españolismo militante, en cuyo partido se integró. Llegó a dirigir un periódico denominado la “Integridad Nacional” que se significó por la continuidad del dominio español en la Isla. Un artículo crítico con la gestión gubernamental  le condujo a la cárcel, de la que fue liberado a consecuencia de los rumores de la guerra. Indultado por el gobernador Macías, el 1 de marzo de 1898, se le asignó la comandancia de la tercera compañía del duodécimo batallón de artillería con sede en el castillo de San Cristóbal.

 

Ante la invasión norteamericana, el 10 de mayo de 1890 efectuó el primer disparo de la guerra contra el Yale, que bloqueaba el puerto de San Juan.  Las baterías del castillo de San Cristóbal, bajo su mando, tuvieron un papel destacado en la defensa de la plaza fuerte, por lo que recibió la cruz del mérito militar con distintivo rojo.

 

Una vez concluido el conflicto se le encargó la entrega de todos los edificios militares a las nuevas autoridades. Pese a ofrecérsele  la designación de diversos empleos en el ejército norteamericano o en la nueva policía de la Isla, e incluso la continuación en España de su servicio militar, decidió finalmente  en 1899 darse de baja y pasar a la vida civil, después de veinte años de servicio. Lo que si acomete finalmente es una amplia labor de investigación sobre la contienda, que verterá en su "Crónica de la guerra Hispano Americana en Puerto Rico" (Madrid, 1922), considerado hasta la fecha como su estudio más preciso y riguroso.

 

Después de su retirada de la vida militar funda la Fábrica Polo Norte, dedicada a la fabricación de gaseosas, entre las que destacó la invención de Kola Champagne, una bebida que llegó a ser popular no solo en la Isla, sino en Estados Unidos, Jamaica, México y Colombia. Por aquellos años, también se dedicó al periodismo escribiendo artículos en “El Imparcial”, “El Mundo” y “La Correspondencia de Puerto Rico”. Defendió en ellos el hispanismo y criollismo frente a la norteamericanización cultural del país. En el dominical “El Mundo”, cuyos editores eran los hermanos tinerfeños Real, destacaron sus artículos publicados entre 1924 y 1927, bajo el pseudónimo de Remigio, que dieron cuerpo a su autobiografía y a la par se convirtieron en un espléndido retrato de costumbres de la sociedad borinqueña de finales del siglo XIX.

 

En 1922 efectuó una expedición el santuario mariano francés de Lourdes, viaje cuyos pormenores plasmó en sus Recuerdos de mi visita a Lourdes. Su fervor por esa  imagen le llevó a construir en 1914 una ermita de esa advocación, junto a Villa Manuela, su  residencia situada en Trujillo Alto, que cedió para su culto al obispado y que se ha convertido en un centro de peregrinación para los devotos de la Virgen. Una fuerte depresión le condujo el 23 de febrero de 1930 al suicidio en su mansión de esa localidad.

 

(*) Por Manuel Hernández González. Profesor de la ULL, periodista, historiador y autor de numerosos libros sobre la emigración canaria en América.  

 

Bibliografía:

RIVERO MÉNDEZ, Ángel. Remigio, historia de un hombre. Las memorias de Ángel Rivero Méndez. Compilación anotada y ensayo biográfico de María de los Ángeles Castro Arroyo. San Juan de Puerto Rico, 2008.

RIVERO MÉNDEZ. Ángel. Crónicas de la guerra hispanoamericana en Puerto Rico.  San Juan de Puerto Rico (1ª ed. Madrid, 1922)   

IMÁGENES

BOYCE, W.D.  United States colonies and dependencies. Chicago, 1914..

RIVERO MÉNDEZ, Ángel. Remigio, historia de un hombre. Las memorias de Ángel Rivero Méndez. Compilación anotada y ensayo biográfico de María de los Ángeles Castro Arroyo. San Juan de Puerto Rico, 2008.

RIVERO MÉNDEZ. Ángel. Crónicas de la guerra hispanoamericana en Puerto Rico.  San Juan de Puerto Rico (1ª ed. Madrid, 1922)  

VERRILL, A. Porto Rico. Past&Present & San Domingo of Today. Nueva York, 1914.

http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es/2012/01/un-pedazo-de-la-gran-via-de-madrid-en.html

 

 

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