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Archivos. Tomás Felipe Camacho

Publicado en Emigración
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Redacción Canarias Cultura & Negocios

 

La literatura relacionada con el tema de la emigración canaria a América goza de una valiosa bibliografía en nuestros centros de documentación, la cual ha servido, entre otras cosas, para reafirmar los estrechos vínculos que existen entre las islas y aquellos países americanos que en su día se convirtieron en patria de adopción de miles de desplazados canarios, quienes defendiendo sus tradiciones contribuyeron a forjar de manera significativa lo que hoy se conoce como identidad isleña.

 

Uno de esos canarios ilustres se llamó Tomás Felipe Camacho que de la isla de La Palma llegó a Cuba a finales de 1905 ejerciendo y liderando las más diversas responsabilidades, desde ser directivo de la Asociación y del Ateneo Canario en la isla caribeña hasta llegar a convertirse en asesor jurídico de la presidencia de Cuba, siendo también ilustre abogado y consultor del Fondo especial de Obras Públicas, mecenas del Museo Nacional de Bellas Artes y creador del Orquideario de Soroa.

 

El historiador británico J. P. Taylor refiriéndose al éxito alcanzado por la revolución industrial en el mundo, explicaba que la grandeza de Inglaterra no hubiera sido posible si Gran Bretaña se hubiese negado a ser un país abierto, donde podía ir el emigrante dispuesto a aportar trabajo e integración. Eso fue lo que hicieron canarios como Tomás Felipe Camacho en Cuba, quienes en lugar de quitar  -como algunos todavía creen- oportunidades a los nativos,  crearon y multiplicaron empresas, instituciones y puestos de trabajo, y se convirtieron en un trascendental factor de progreso y prosperidad en la llamada perla caribeña.

 

Tomás Felipe Camacho (1886 – 1961)

Poeta, editor y periodista; librepensador, abogado de éxito, notario y político, el palmero Tomás Felipe Camacho muestra una de las personalidades más completas y fructíferas de cuantas se forjaron en la emigración canaria a Cuba. Estrechamente unido a la Asociación Canaria de La Habana, fue codirector, junto a su paisano Manuel Fernández Cabrera, de la revista dominical de esta entidad, Cuba y Canarias.

 

Tomás llegó a ser un destacado político, y en 1915 prestaba a la comunidad su mejor servicio convertido en concejal del Ayuntamiento de Sagua la Grande. También fue pieza clave de la campaña electoral del presidente Machado, y dio su apoyo incondicional al Partido Liberal. Con Machado llegó a ser consultor del Fondo Especial de Obras Públicas. Comprometido y leal, formó parte del grupo de abogados liberales de la Universidad de La Habana que suscribieron el manifiesto de 22 de diciembre de 1930 a favor del presidente y contra la oposición que éste padecía, en un momento de grave crisis económica y convulsión social.

 

Una de las grandes huellas que dejó este ilustre palmero fue la construcción del Orquideario de Soroa, en Pinar del Río, un inmenso jardín de flores y plantas, en principio, dedicado en exclusiva a todas las variedades de orquídeas, levantado en memoria de una de sus hijas, Pilar, fallecida en el transcurso de un parto. El llamado “Jardín de Pilila”, al año de la muerte de su creador, pasó a manos del Estado y se convirtió en Casa Museo y Jardín Botánico de Soroa, un paradisíaco lugar que llegó a exhibir más de 4.000 variedades de esta exquisita flor y que gustaba visitar Ernest Hemingway, buen amigo de Camacho.

 

Tomás había nacido en Santa Cruz de La Palma el 13 de septiembre de 1886, primogénito del matrimonio formado por Atanasio Manuel Felipe y Felipe, y Rosario Camacho Arceo, quienes tuvieron cuatro hijos. Su vida en la isla estuvo marcada por el campo, el cultivo y la transformación del azúcar, que conoció en profundidad, y la poesía, una actividad en la que destacaría muy pronto y que le llevaría a compartir recitales con otros destacados  creadores literarios de la época.

 

 

Su estancia en Cuba

El 4 de diciembre de 1905 Tomás Felipe se traslada a Cuba para encontrarse con su padre. Son años de intensa actividad poética y periodística, en la que su sentir de librepensador llena las páginas de publicaciones como El Fígaro, La Lucha, La Discusión, El Mundo, El Diario de la Marina, El Día y Cuba. Además, entra en contacto con la Asociación Canaria de La Habana, en la que se implica de forma comprometida a través de su revista Cuba y Canarias.

 

Fue en su etapa de periodista cuando conoció a la que sería su esposa, Pilar León Toledo, hija del rico tinerfeño Domingo León González. Éste, celoso del futuro de su hija, exigió al palmero una carrera universitaria como requisito ineludible para casarse con ella. Motivado y feliz, Tomás Felipe Camacho estudia Derecho y Notariado, y se convierte, en 1912,  en doctor en Derecho Civil. Su tesis, dedicada a la responsabilidad civil de los funcionarios públicos y a la del Estado en Cuba  mereció la calificación de sobresaliente.

 

Tenía 27 años cuando pudo, al fin, casarse con Pilar Demetria León. Fue el 26 de junio de 1913  en una ceremonia que tuvo lugar en la Purísima Concepción de Sagua la Grande. El matrimonio tuvo cuatro hijos: María del Rosario, Domingo, Pilar María Venerada y Haydeé Natividad. Sin embargo, su pronto traslado a La Habana, donde abriría nuevo bufete, sería, en pocos años, algo definitivo.

 

Los años siguientes estuvieron centrados en el ejercicio de la abogacía en Sagua la Grande, y también en la gestión legal de los negocios de su suegro, que había visto crecer su patrimonio con el cultivo y transformación de azúcar. Además de su bufete y notaría, Tomas Felipe, convertido en experto en asuntos azucareros, es elegido presidente de la Comisión de Impuesto Territorial.

 

 

La familia Camacho y León

La contribución de las familia Camacho y León al desarrollo de la industria azucarera en Las Villas y Camagüey es evidente. Ambas fueron dotadas de grandes centrales y alcanzaron una importante actividad. Además, supieron impulsar otras parcelas económicas como la horticultura, el tabaco o el comercio, en beneficio, sobre todo, de Matanzas, Pinar del Río y La Habana.

 

Por aquellos tiempos, Domingo León era principal accionista de la empresa periodística El Día, de la que Tomás era secretario y poseedor de participaciones. Fueron tiempos de incesante actividad para el abogado palmero, que apoyaba a su suegro en cuantas empresas emprendía, algunas, tan loables como la creación de una sociedad bancaria que tenía como fin ayudar con créditos accesibles a los emigrantes canarios que llegaban a Cuba en medio de dudas, inseguridad y carencias.

 

Su carácter generoso y solidario queda patente en el apoyo que supo dar a quienes lo necesitaron. Es el caso de numerosos isleños como Carlos Cuéllar o Felipe Álvarez, apadrinado por Camacho a su llegada a Cuba con su madre, soltera, y pocos recursos. Al tinerfeño Antonio Perera también le prestó su ayuda, concediéndole el puesto de administrador en el central Estrella, poniendo en sus manos un futuro mejor.

 

La sensibilidad humana y artística de este palmero ilustrado se tradujo en grandes avances en la cultura cubana, en cuyo desarrollo se empeñó a conciencia. Así, financió los estudios superiores de un buen número de artistas cubanos, al tiempo que se hacía cargo de puestos de relevancia como la vicepresidencia del Patronato Pro-Música Sinfónica en La habana, siendo, además, primer presidente del Patronato Pro-Museo Nacional. Como coleccionista de Arte, tuvo en sus manos una importantísima pinacoteca, con obras de Stome, El Veronés, Sorolla, Bassano, Zuloaga o su buen amigo Teodoro Ríos, entre otros muchos. 

 

Otros motivos para recordar a Tomás Felipe Camacho son su participación como miembro y autor de la Asociación de Hacendados y Colonos de Cuba, así como el protagonismo que le es atribuido en la creación de normas tan relevantes como la Ley de Moratoria de la banca, que evitó la ruina del sector financiero y de la industria azucarera en 1920, y en la redacción de la de Coordinación Azucarera, que reguló la producción de la caña de azúcar desde 1937.

 

Presidente de la Asociación Canaria de La Habana en los años 40 y presidente de honor después, hasta su disolución, Camacho trabajó en pro de la cultura, el arte y el bienestar de cubanos y canarios hasta su regreso a Tenerife, en 1960.  Cuatro meses después de haber llorado la muerte de su querido amigo Ernest Hemingway, el 17 de noviembre de 1961 fallece  Tomás Felipe Camacho. Sucedió en la capital tinerfeña, en la casa de otro gran compañero: Antonio Perera.

 

Libro recomendado:

“Tomás Felipe Camacho. Un canario ilustrado del siglo XX”, de los autores Xiomara Brito de Armas, María Victoria Hernández Pérez e Isidoro Sánchez García. Ediciones Pinolere, La Orotava, 2008

 

 

 

 

 

 

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