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Francisco Miranda y Canarias

Publicado en Emigración
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Dirigió con tesón la lucha por la emancipación americana y fue elegido por sus sobrados méritos primer presidente de la República y Jefe Supremo de los Estados de Venezuela. Orgulloso de ser canario y con una confianza ciega en su misión revolucionaria, creía en la independencia y en la lucha por la libertad las únicas formas de que los pueblos alcancen sus verdaderas aspiraciones históricas, a pesar de haber sido traicionado por algunos de sus más leales seguidores. Este artículo del historiador Manuel Hernández repasa sus vínculos familiares y políticos que le sirvieron de inspiración pedagógica, a quien sería todo un ejemplo de libertador y un referente de las actividades de la migración canaria en la Venezuela del siglo XVIII.

 

Por Manuel Hernández González (*)

 

Francisco de Miranda es un fehaciente ejemplo de la endogamia y las actividades de la migración canaria en la Venezuela del siglo XVIII. Hijo del portuense Sebastián de Miranda y de la caraqueña de ascendencia isleña Francisca Rodríguez de Espinosa, sus padrinos de bautismo y confirmación fueron respectivamente el clérigo realejero Tomás Bautista de Melo y el lagunero Lorenzo Rossell de Lugo. Su madre ejemplifica como pocas la característica diferencial de la migración isleña en América con el aporte que este hecho tiene para la pervivencia y el alcance de la cultura canaria.

 

Su bisabuela la portuense María Francisca de Espinosa Ravelo, significativamente emparentada con su padre, ya viuda, emigró con tres hijas hembras y un varón hacia Venezuela. En ella su hija Catalina, abuela del Precursor, casó con un paisano, Cayetano de Vera, con el que tuvo un hijo adulto, Francisco José. En segundas nupcias lo hizo con un portugués emigrado desde Canarias, Antonio Rodríguez, con el que tuvo tres varones y dos hembras, una de las cuales, Micaela, fue la madre del Precursor.

 

Sebastián de Miranda no fue el único de la familia que emigró a tierras venezolanas. Muchos de sus hermanos y cuñados también lo hicieron. El Puerto de la Cruz fue en el siglo XVIII un centro mercantil en crisis en el que muchos de sus hijos aprovecharon su experiencia marinera para introducirse clandestinamente en América a través de los buques extranjeros que hacían en él escala rumbo a las Antillas, como fue el caso de Curaçao o Martinica. Hijo de un capitán de buque de cabotaje insular, Sebastián de Miranda marchó a Venezuela con un amplio elenco de hermanos y cuñados. Allí ejerció en Caracas como mercader, una profesión de isleños, en la que más del 80% era de ese origen. Participó en las fiestas de la Candelaria, la patrona de los canarios y la titular de su parroquia en la capital y fue capitán de milicias de ese origen. Gracias al apoyo del auditor de guerra, el tacorontero José de La Guardia, fue nombrado capitán de las reorganizadas milicias blancas. La racista oligarquía caraqueña no toleró tal nombramiento, pues le consideraba humilde y social y étnicamente impuro. Afrentado, perdió tal consideración y se le retiraron sus insignias, traje y bastones, recurrió a la Corona y vengó su afrenta obteniendo consideración acerca de su honor. Invirtió para recuperarlo toda su fortuna, quedando arruinado,  para que su hijo Francisco cursara estudios militares en Madrid.

 

Emigrantes fueron muchos hermanos y cuñados de Sebastián, que casó a sus hijas con isleños como Antonio Almeida o Marcos Orea. Incluso dos de los hermanos del Precursor vivieron en Tenerife durante algún tiempo. Con un gesto de esa ligazón y consideración que tenía para él las Canarias como algo profundo que tenía bien de cerca, cuando habla de ellas dice “de Islas” a secas, porque para él, como era común en la Venezuela de aquél tiempo, las “únicas islas” eran las Canarias, como los únicos isleños” sus habitantes.  Los consideraba tan criollos como los de su tierra natal. Precisamente influyó de forma decisiva en su formación su médico familiar, el garachiquense Juan Antonio Perdomo Bethencourt, del que habla en sus cartas e incluso en Rusia cuando se entrevistó con el revolucionario francés Conde de Segur en Kiev. Perdomo, introductor de la inoculación de la viruela en Venezuela y reformador de la medicina, lector de Raynal, Rousseau y Voltaire, defensor ya desde 1780 de la independencia de Venezuela, fue procesado por sus ideas por la Inquisición y desterrado perpetuamente de Venezuela, donde residían su mujer e hija. Falleció en el Puerto de la Cruz en 1799. Una calle de esa ciudad, próxima a la plaza del Charco es un testimonio popular de la casa que fue su residencia y donde ejerció la medicina con gran éxito.

En buena medida la atmósfera isleña en que desenvolvió su infancia y juventud y el rechazo de la oligarquía caraqueña condicionó  las ideas y trayectoria personal de Francisco de Miranda.

 

(*) Por Manuel Hernández González. Profesor de la ULL, periodista, historiador y autor de numerosos libros sobre la emigración canaria en América. Actualmente es director del CEDOCAM.

 

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