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El puertorriqueño José Campeche, considerado el mejor retratista de la América Colonial, hijo de un esclavo y de una canaria

Publicado en Emigración
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La virgen del rosario La virgen del rosario

Por Manuel Hernández González (*)

 

Hijo del mestizaje social y cultural

De una isla prácticamente despoblada y en grave riesgo de ser ocupada por otras potencias, como era Puerto Rico a mediados del siglo XVII, pasa a mediados de la centuria siguiente a ser un territorio con un notable crecimiento demográfico en el que se pudo observar la influencia de los varios miles de familias canarias que fueron trasladadas por la corona o emigraron por su cuenta entre finales del XVII y la primera mitad del siglo XVIII.

María Jordán, madre del pintor puertorriqueño José Campeche formó parte de esa emigración familiar y colonizadora que transformaría la Isla en esos años y que posibilitó el auge cafetalero  que se convertirá en su motor económico.

María Jordán se había trasladado muy jovencita desde la ciudad de Aguere con su padre Matías Jordán, su madre María Marques y sus dos hermanos, Francisco y Juana de la Cruz, estableciéndose todos ellos en el Viejo San Juan. Los hijos del matrimonio, todos nacidos en La Laguna, fueron, además de María Josefa, Francisco, casado en 1738 con Rosalía García, natural de San Juan, quien ejerció como soldado del batallón de la ciudad, y Juana de la Cruz, quien contrajo matrimonio con Joaquín Gavarón también soldado, originario de Mallorca.

Tomás Campeche y Rivafrecha, padre del pintor, era hijo del matrimonio formado por Miguel de la Cruz y María de la Encarnación Rivafrecha, esclava del canónigo de la Catedral borinqueña, Juan de Rivafrecha. Tomás Nació esclavo por trasmitirse esta condición por la vía materna. El matrimonio con María Josefa Jordán tuvo lugar en San Juan de Puerto Rico el 1 de septiembre de 1734. Siete fueron sus descendientes: Miguel, Juana Juliana, Laureana, Ignacio, José, Lucía y María Loreto. Miguel, casado con Bárbara Benítez y fallecido en 1813, ejercería el mismo oficio que José, trabajo en el que también se empleo Ignacio, desposado el 17 de noviembre de 1777 con María Bárbara de Mérida y fallecido el 14 de julio de 1814.  Tomás Campeche y Rivafrecha falleció el 25 de julio de 1780, mientras que María de la Encarnación Rivafrecha lo hizo el 15 de abril de 1802.

 

El pintor José Campeche

José Campeche nació en San Juan de Puerto Rico el 23 de diciembre de 1751 en una casa de la calle de la Cruz que adquirió su padre Tomás Campeche y Rivafrecha  con su trabajo como adornista, dorador y pintor, después de obtener la libertad. Era una casa de dos plantas de buena fábrica que se conserva en la actualidad. En ella vivió en compañía de sus padres, pudiendo  cursar estudios de latinidad y filosofía en el convento dominico de su ciudad natal. Comenzó a trabajar en los talleres con sus hermanos Miguel e Ignacio, su sobrino Silvestre Andino y varios parientes más, todos ellos pardos libres. Al fallecer su padre en 1780 José Campeche se tuvo que hacer cargo del sustento de su numerosa familia, formada por su madre y sus hermanas solteras Lucía y María Loreto. A pesar de los numerosos trabajos que recibía, su remuneración era modesta, dado que los salarios que los artistas y artesanos americanos recibían no eran precisamente elevados.

El joven Campeche era de buena estatura, delgado y de color trigueño. Vestido con austeridad en ocasiones llevaba uniforme de miembro de la banda del regimiento fijo de San Juan, en el que ejercía como  chirimía. Falleció soltero el 7 de noviembre de 1809 a los 57 años de edad, siendo enterrado en el convento de Santo Domingo como hermano profeso de su orden tercera. Dejó por herederas a sus dos hermanas solteras y apenas dejó bienes, por lo que, como reza su testamento “murió pobre y dejó pobres a sus hermanas, pues aún la casa que habitan está empeñada en bastantes cantidades”. Ante esa situación apremiante, sus hermanas solicitaron en febrero de 1810 una pensión del Gobierno, que les fue concedida, aunque la cuantía fue muy escasa.

 

Formación e influencias

Formado en el taller paterno, donde dio los primeros pasos en la técnica de la pintura al óleo, tuvo en principio una formación basada en el auto-aprendizaje gracias a fuentes impresas, entre las que se encontraba la obra Principios para estudiar el nobilísimo y real  arte de la pintura, publicada en 1693 en Madrid por José García Hidalgo, y al estudio directo de la naturaleza fuera del recinto de la ciudad. Algunas pinturas conservadas en el viejo San Juan le pudieron servir también de inspiración. Cuando contaba con 24 años de edad el destino le brindó una oportunidad excepcional para el desarrollo de su talento, el arribo a San Juan a fines de 1776 del pintor madrileño Luis Paret y Alcázar (1746-1799). Pintor de cámara de la corte del infante Don Luis Antonio de Borbón, hermano menor de Carlos III, en su palacio  de Arenas de San Pedro, fue desterrado a Puerto Rico por el Rey durante dos años bajo la acusación de proporcionarle amores ilícitos al Infante. Paret, considerado después de Goya como el mejor pintor español del siglo XVIII y el principal exponente hispano del Rococó, proporcionó al joven artista borinqueño una notable enseñanza técnica, que dejó en él una huella considerable. Su paleta mostró desde entonces suaves gustos rococó, con buen dominio en el manejo de los colores y cuidado minucioso de los detalles que le llevarán a convertirle en un pintor colonial de primer orden. Pero José Campeche no quedó constreñido a tales cánones. Como subrayó René Taylor, desde 1790 la influencia del gusto académico y neoclásico de la Ilustración, le condujeron hacia un academicismo mayor.

No solo fue un pintor, sino destacó en el campo de la arquitectura, la topografía, la uniformología y el cuidado de los marcos de los cuadros. En el campo de la música ejecutaba con talento el órgano y alcanzó pericia en la ejecución del oboe,  la flauta y la chirimía, un antiguo instrumento de viento parecido al clarinete, con el que desempeñó una plaza en la banda del batallón fijo, como hemos señalado con anterioridad. Daba clases de piano, órgano y canto sagrado e incluso actuó como cantante en diferentes procesiones. Pero sin duda descolló como pintor de cuadros al óleo, tanto de temática religiosa como retratista de personajes de su tiempo, actividad que le distingue de la mayor parte de los artistas latinoamericanos de esta época, en los que predomina la temática religiosa. Fue el primer pintor en sobresalir y darse a conocer en el exterior en su isla natal, con un mercado apreciable en el arte devocional incluso en Venezuela. Destacó sin duda por el arte del retrato, especialmente del femenino, incluso realizó cuadros de las mujeres de la elite montadas a caballo, donde alcanzó gran precisión.  Su elevado nivel de excelencia le convirtió sin duda en el más cualificado de los retratistas de la América colonial con una pintura que reflejó no solo el entorno del gabinete donde se efectuaba, sino que se abrió hacia el exterior, como lo demuestran sus paisajes con balcones y trabajadores en el Viejo San Juan, los ingenios azucareros o el castillo del Morro. No en vano el catedrático de Historia del Arte Gaya Nuño le consideró  “el principal pintor de la Hispanoamérica setecentista”.

 

Testamento de la lagunera María Jordán

La lagunera María Jordán y Marques, al testar el 28 de noviembre de 1801, nos ha dejado un retrato moral de primer orden de su hijo José Campeche. Solicita ser sepultada como también lo haría su hijo en el convento dominico, por ser integrante de su orden tercera. Manda se le diga un novenario de misas por su alma al día siguiente de su entierro. Sus bienes eran solo la mitad de su casa que le correspondía por muerte de su marido, gravada con un capital de 500 pesos a favor del convento de Santo Domingo, una esclava negra con su hijo, los muebles y alhajas de su casa. Su marido le dejó numerosas deudas que había satisfecho su hijo José, por lo que debía ser mejorado en el tercio y quinto de su herencia.  En el testamento María reconoce que por su enfermedad y achaques no había podido hacer frente a su subsistencia ni a las de sus hijas solteras, por lo que vivía del socorro de del citado hijo. Expuso que de su cuenta “ha corrido todo el sostenimiento de la casa, el pago anual de los tributos, médicos y boticas con las enfermedades ocurrentes”. Le ruega que mantenga a su abrigo a sus hijas Lucía y María Loreto y los hijos menores de su hija Juana, nacidos de su matrimonio con Juan de Arzola. Es un testimonio rotundo de la abnegación del pinto puertorriqueño y la dedicación de su vida al sostenimiento de su familia.

 

 

(*) Por Manuel Hernández González. Profesor de la ULL, periodista, historiador y autor de numerosos libros sobre la emigración canaria en América. Actualmente es director del CEDOCAM.

 

Bibliografía:

Dávila. A. “Un retrato moral de José Campeche: el testamento de María Josefa Jordán y Marqués”. Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, enero.-marzo de 1964.

Geigel de Gandía, L. La genealogía y el apellido Campeche. San Juan de Puerto Rico, 1972.

Vidal, T. José Campeche. Retratista de una época. San Juan de Puerto Rico, 2005.

Vidal, T. Cuatro puertorriqueñas por Campeche. San Juan de Puerto Rico, 2000.

 

 

 

 

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