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El pintor canario Carlos Marichal, renovador de las artes gráficas y el diseño teatral en el Puerto Rico del siglo XX

Publicado en Emigración
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Por Manuel Hernández González (*)

 

El diseñador y escenógrafo canario Carlos Marichal, en realidad López Marichal, nacido en Santa Cruz de Tenerife el 24 de junio de 1923, es considerado en Puerto Rico el renovador del diseño gráfico y de la escenografía teatral de esa isla. El doctor Osiris Delgado lo denominó en 1969 “el padre de las artes gráficas en Puerto Rico”, por su carácter de gran impulsor de los grabados y las ilustraciones gráficas borinqueñas.

 

En reconocimiento de esa labor, la sala experimental del Centro de Bellas Artes lleva su nombre. El Instituto de Cultura Puertorriqueña le otorgó el Gran Premio por su contribución a la cultura insular, el Departamento de educación de su gobierno le concedió el Gran Premio de Teatro Escolar y la Universidad de Puerto Rico erigió en su honor el Premio Carlos Marichal para la excelencia en Artes Gráficas.

 

Nació en el seno de una familia de raigambre intelectual y política en la que destacaron junto con él su único hermano, Juan, casado con Soledad Salinas, hija del poeta de la Generación del 27, Pedro Salinas, que fue un significado historiador de la cultura hispánica, profesor de la Universidad de Harvard con una amplia y extensa bibliografía sobre la historia intelectual y política españolas de los siglos XIX y XX, su hija la puertorriqueña Flavia Marichal Lugo, directora del Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico y su sobrino Carlos Marichal Salinas, uno de los más sobresalientes historiadores económicos mexicanos.

 

Su infancia en Tenerife y su largo peregrinar de la guerra y el exilio

Tomó sus primeras lecciones de pintura con el célebre acuarelista canario Francisco Bonnin Guerín y convivió en su infancia con el pintor surrealista tinerfeño Oscar Domínguez.

 

A principios de 1935 se trasladó con su familia a Madrid, donde a su padre le habían ofrecido un trabajo. Tras fallecer su madre al poco tiempo, su padre puso a sus dos hijos al cuidado de su tía Carmen Marichal y su marido el socialista portuense Domingo PérezTrujillo, diputado las Cortes constituyentes de la República por Tenerife y alcalde de su localidad natal.

 

Con el estallido de la Guerra civil se mudaron a finales del 36 a Valencia, donde estudió en el Instituto Blasco Ibáñez. Redactó allí con su hermano Juan una revista, “La Guanchada”.  A finales de 1937 se desplazó con su tío Domingo a Barcelona, donde recibió clases de dibujo en el Instituto Salmerón del pintor Enrique Climent.

 

En el verano del 38 fue enviado a Lieja a un colegio especial creado por Checoslovaquia para niños españoles. Allí ya destacó como dibujante, efectuando carteles para un Congreso Internacional Antifascista. En 1940 se trasladó a París. Con la invasión nazi la familia decidió poner rumbo a Casablanca, donde su tío Domingo abrió un negocio de exportación de frutas y hortalizas.

 

En esta ciudad marroquí estudió en la Academia Brindeau donde pintó algunos cuadros de inspiración surrealista e ilustró varios libros y carteles. Con la toma del poder de Pétain en el Gobierno De Vichy, al comenzar a encerrar en el Protectorado a republicanos españoles en campos de concentración, la familia tomó la decisión de embarcarse desde ese puerto hacia México en un barco en el que iba también el primer Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, instalándose en la capital mejicana el 20 de noviembre de 1941. Ayudados por la Junta de Ayuda de los Refugiados españoles, se vieron sobrecogidos por el suicidio de su tío Domingo, por lo que los dos hermanos se vieron obligados a trabajar en todo tipo de empleos para subsistir.

 

Entre 1942 y 1944 cursó estudios en la Escuela de Artes del Libro del Departamento de Publicidad y Propaganda de la Secretaria de Educación Pública. Allí se introdujo en el grabado gracias a las enseñanzas de Francisco Díaz de León y de Carlos Alvarado, profundizó en las de dibujo junto a Julio Prieto, y en la litografía junto a Pedro Castelar. En 1945 trabajó como dibujante en el Departamento de Publicidad y Propaganda de la Secretaria de Educación, que se hallaba entonces dedicada a una campaña de alfabetización. Fue encargado de ilustrar las cartillas en lenguas indígenas para enseñar primero a leer en su idioma nativo y luego pasar al aprendizaje del español. Comenzó su labor como escenógrafo de la compañía Les Comediants de France dirigida por André Moreau y como ilustrador del periódico “Acción” y la revista “Independencia”.

 

Entre 1944 y 1948 fue profesor de arte teatral en la Universidad Femenina Motolínea de México, ilustra libros y artículos y trabaja como escenógrafo en el Palacio de Bellas Artes de este país centroamericano, donde efectúa numerosos diseños de escenografía y vestuario para teatro, ópera y ballet. En 1948 participó en una exposición colectiva de grabadores contemporáneos y colaboró con el grupo teatral de la federación universitaria escolar de españoles de México.

 

 

Su asentamiento definitivo y su dilatada obra en Puerto Rico

A principios de 1949 renunció a su cargo en el Palacio de Bellas Artes de México y decidió marchar a Estados Unidos, donde su hermano era ya profesor en Baltimore de la Universidad de Johns Hopkins. Tras numerosos problemas para obtener visa del gobierno mexicano y tras una breve visita a Cuba, donde se había instalado su tía Carmen Marichal, en septiembre de ese año arribó a Puerto Rico en calidad de profesor visitante y de director técnico del Teatro Universitario.

 

Después de diseñar la escenografía de varias obras, residió en el verano del 50 en Vermont, en cuya escuela española del Middelburg Collage dirigió varias obras y se encargó de su diseño. Retornó de nuevo a la isla caribeña, donde en diciembre se hizo novio de la actriz y escritora borinqueña Flavia Lugo Espiñera, con la que contrajo nupcias el 3 de agosto de 1951 y con la que tuvo siete hijos, un varón y seis hembras, una de ellas fallecida a las 24 horas de nacer.

 

Continuó con su labor escenográfica teatral, hasta que en 1952 estableció con otros compañeros la imprenta “Yocaina”. Renunció a su puesto en la Universidad y decidió abrir una escuela de arte en la localidad de Yauco y a erigir una pequeña empresa de publicaciones. Son numerosas sus actuaciones de esos años tanto en el diseño de exposiciones como en la confección de revistas y libros, sin abandonar su labor en la escenografía y el vestuario teatral, que fue muy intensa. Entre esos trabajos sobresalió su colaboración desde sus inicios con el Instituto de Cultura Puertorriqueña, tanto en libros como en ilustraciones, exposiciones, museos y festivales de teatro.

 

En 1955 se reintegró de nuevo a la Universidad de Puerto Rico, pero ahora ya en calidad de profesor de su departamento de Bellas Artes. En 1960 organiza el taller de imprenta del Museo de la Universidad. En medio de un incesante trabajo tanto en exposiciones como en diseño gráfico y teatral, realizó una exposición individual de dibujos y aguafuertes en el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

 

En 1964 fue designado Superintendente de imprenta de la editorial del Departamento de Instrucción pública, donde diseña un sinnúmero de libros para los programas escolares y la revista “Educación”. Tras renunciar a ese empleo en 1966 fue contratado como profesor de la Escuela de Artes plásticas, recién establecida por el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

 

En junio de 1967 enfermó y fue intervenido quirúrgicamente. Pese a su enfermedad continuó su trabajo incesante diseñando museos como el Caguana de Utuado y el Caparta de Guaynabo, inauguró exposiciones y efectuó diseños de toda índole.

 

El 29 de diciembre de 1969 falleció de lupus en San Juan de Puerto Rico, luego de una operación, cuando apenas contaba 46 años de edad. Todo ese rico caudal de obras entre veinte años de intensa actividad en la isla, le convirtió sin duda en el renovador de la tipografía y el diseño teatral borinqueño.

 

 

El Gobierno de la isla reconoció su labor, por lo que la sala experimental del Centro de Bellas Artes de Puerto Rico lleva su nombre. Entre otras distinciones, se le concedió por el Instituto de Cultura Puertorriqueña el Gran Premio por su contribución a la cultura puertorriqueña, mientras que el Departamento de Educación del Gobierno le entregó el Gran Premio del Teatro Escolar. Por su parte, la Universidad de Puerto Rico erigió en su honor el Premio “Carlos Marichal para la Excelencia en Artes Gráficas”.

 

 

(*) Por Manuel Hernández González. Profesor de la ULL, periodista, historiador y autor de numerosos libros sobre la emigración canaria en América. 

 

 

Bibliografía:

A.A.V.V. Carlos Marichal. Poeta de la línea. San Juan de Puerto Rico, Museo de Historia,Antropología y Artes de la Universidad de Puerto Rico, 2004, 380 págs.

 

 

 

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