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¿Es posible aprender a dormir menos? Destacado

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La única forma de conocer las necesidades de sueño de tu organismo pasa por esperar a las vacaciones o a algún periodo de inactividad, en la que te encuentres sano y sin grandes complicaciones emocionales. El ejercicio consiste en ser constante y acostarte a la misma hora durante al menos dos semanas, anotando la hora a la que despiertas de forma natural. La única forma de conocer las necesidades de sueño de tu organismo pasa por esperar a las vacaciones o a algún periodo de inactividad, en la que te encuentres sano y sin grandes complicaciones emocionales. El ejercicio consiste en ser constante y acostarte a la misma hora durante al menos dos semanas, anotando la hora a la que despiertas de forma natural.

 

 

Vivimos en un mundo tan acelerado, con tanto que ver, que hacer y  resolver, que meternos en la cama y descansar se ha convertido en poco menos que un lujo. Superhombres y supermujeres como Margaret Thatcher o Salvador Dalí  tenían más que suficiente con cuatro horas de cama al día. ¿Cómo lo hacían?

 

CanariasCNNews

 

 

El secreto de quienes duermen menos de cinco horas y aún así se sienten bien simplemente no existe: no hay secreto. Sus organismos funcionan de ese modo y pertenecen a ese privilegiado cuatro por ciento de la población considerada la élite del sueño. Pura genética. Se trata de la forma en que el cerebro y el resto de nuestro cuerpo opera mientras dormimos para realizar las funciones de regeneración básicas. En algunos casos, está, al parecer, relacionado con una mutación del gen hDEC2, pero en otros, no hay motivo aparente. Sus organismos están, sencillamente, “tocados” por la magia de la vigilia.  

 

Resulta curioso de qué modo muchos alto ejecutivos o que ambicionan serlo se avergüenzan de su necesidad de descanso, cuando lo “normal”, estadísticamente hablando, está en torno a las ocho horas, o incluso un poco más. Se diría que, para estas personas, dormir es poco menos que una pérdida de tiempo, un obstáculo casi infranqueable que les impide rendir más y mejor de cara a sus superiores y al resultado de sus trabajos. Nada más lejos de la realidad: a corto plazo, la  falta de sueño reduce la capacidad de concentración y la memoria, y si la carencia es grande, puede provocar confusión y angustia.

 

Los efectos a largo plazo de dormir poco son todavía peores, ya que puede contribuir a la aparición de enfermedades mentales, dolencias cardiovasculares, diabetes, hipertensión y obesidad.  Además, recientemente investigadores de la Radboud University en Nijmegen (Países Bajos) han comprobado que tras una noche de insomnio, incluso los cerebros más sanos presentan niveles más elevados de  la proteína beta-amiloide, relacionada con la formación de placas que se da en pacientes con Alzheimer.   Los resultados del estudio, publicados en la revista 'JAMA Neurology', concluyen que  dormir menos de lo necesario repetidamente  puede llegar a ser un factor de riesgo para desarrollar esta temida enfermedad degenerativa.

 

 

Terapia

A la vista de las ‘necesidades’ de tiempo extra de vigilia que muestran muchos directivos, algunos gabinetes psicológicos han empezado a ofrecer terapias que pretenden enseñar a sus clientes a sentirse bien con menos horas de descanso. La teoría se basa en que la cifra de las ochos horas es una “creencia” tan firmemente arraigada en nuestra mente que somatizamos cualquier ataque a esa norma tácita, que culturalmente hemos ido adoptando. La terapia procura, pues, herramientas para olvidar que hemos dormido menos de lo que nos han enseñado y a sentirnos mejor frente a un “mal comportamiento”.

 

Según el psicólogo suizo Charles Mottier, uno de los terapeutas que trabaja en este campo, "si uno se da por satisfecho con cinco horas, tendrá más energías que si ha dormido siete, pero se siente contrariado porque no hayan sido ocho", por lo que utiliza una técnica basada en la auto hipnosis centrada en el cambio de hábito del sueño de sus alumnos.



Sin embargo, son muchos los científicos que desconfían de estos tratamientos, ya que requieren años de esfuerzo y de acumular falta de sueño, con los riesgos que ello conlleva para la salud de las personas, desde ser más propensos a la gripe hasta incrementar las posibilidades de sufrir accidentes de tráfico, ataques al corazón o procesos depresivos.

 

 

Mientras dormimos

Pero, ¿por qué es tan importante dormir? ¿Qué pasa mientras dormimos? El sueño es una necesidad básica del organismo, imprescindible para vivir. Los experimentos de privación de sueño demuestran que cuando se elimina completamente la posibilidad de dormir, el sujeto muere. Si esa privación es  temporal o parcial, por ejemplo, impidiéndole dormir un día, o suprimiéndole   alguna fase concreta de sueño, la respuesta de organismo se dirige hacia un aumento de la fase que se ha anulado y de la necesidad de sueño en los días posteriores. Se trata, pues, de una clara búsqueda de equilibrio para la supervivencia y el bienestar.

 

El periodo de sueño está constituido por cuatro estadios, progresivamente más profundos. Son las fases I, II, III y IV. A medida que avanzamos en ellas, las ondas cerebrales  muestran menor frecuencia y mayor amplitud, el tono muscular va descendiendo, de forma que el cuerpo está cada vez más relajado e inmóvil, descienden los ritmos respiratorio y cardiaco, y los lentos movimientos oculares del inicio del sueño desparecen por completo. Entre la primera y la cuarta fase solemos invertir unos 90 minutos. Es entonces cuando estamos más profundamente dormidos, con mayor aislamiento y mayor dificultad para despertar.  En esta fase tiene lugar buena parte de la recuperación física del organismo.

 

A lo largo de la noche, este ciclo se va alternando con el sueño REM (Rápido Movimiento Ocular, por sus siglas, en inglés), aunque en su mayor parte éste se produce al final de la noche. Es la fase de los sueños y parece tener relación con  la consolidación y recuerdo de lo que hemos aprendido durante el día.  De hecho,  la cantidad de sueño REM varía con la edad, de forma  que los niños tienen  más sueño de este tipo que los adultos, y éstos más que los ancianos, lo que lleva a la comunidad científica a relacionarlo con las funciones de reorganización neuronal y de aprendizaje.

 

Atendiendo a estas premisas, el sueño no REM (el de las cuatro fases de ondas lentas) tendría una función relacionada con la reparación de tejidos corporales y conservación y recuperación de energía, mientras que durante el sueño REM predominarían los procesos de reparación cerebral, tales como la reorganización neuronal, y el almacenamiento o eliminación de recuerdos.

 

Otra de las funciones esenciales del sueño está relacionada con la regulación de la temperatura corporal, esto es, de influir como un termostato para  mantener la temperatura necesaria en cada momento, según  la actividad que se esté llevando a cabo, y permitir así diferentes procesos metabólicos u  hormonales. Si este “termostato” quedara inoperativo, moriríamos.

 

 

¿Cuánto necesito dormir?

La única forma de conocer las necesidades de sueño de tu organismo pasa por esperar a las vacaciones o a algún periodo de inactividad, en la que te encuentres sano y sin grandes complicaciones emocionales. El ejercicio consiste en ser constante y acostarte a la misma hora durante al menos dos semanas, anotando la hora a la que despiertas de forma natural. La primera semana no es concluyente, ya que es muy posible que el cuerpo esté recuperando sueño atrasado y necesites dormir más horas de lo que requerirías de haber respetado antes el ritmo de tu organismo.

 

Los datos más aceptados señalan que el 48 por ciento de la población necesita dormir algo más de ocho horas diarias, mientras que un 30 por ciento requiere solo siete horas y media, y un 12 por ciento se conforma con seis. Sólo un 4 por ciento duerme cuatro horas o menos y se siente en forma, mientras hay un 9 por ciento que necesita nueve horas de sueño o incluso más. 


 

 

 



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