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Alerta: ¿han fracasado los viejos modelos turísticos? Destacado

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Uber desembarcó en España con una ola de polémica. Los taxistas de Madrid y Barcelona no tardaron en convocar numerosas jornadas de protesta contra la empresa, propietaria de una aplicación que permite contratar transporte entre particulares. Uber desembarcó en España con una ola de polémica. Los taxistas de Madrid y Barcelona no tardaron en convocar numerosas jornadas de protesta contra la empresa, propietaria de una aplicación que permite contratar transporte entre particulares.

 

 

El sector turístico -que representa el 9% del PIB mundial- está experimentado fuertes cambios como consecuencia de la globalización y las nuevas tecnologías de la información, según un informe del investigador Greg Richards elaborado para el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), Think tank español que analiza las relaciones entre turistas, empresas y su impacto en el tejido social de las comunidades. Para definirlo mejor: a partir de ahora el turista puede contratar desde el ordenador de su casa, no solo un viaje y un alojamiento, sino además todas las experiencias y situaciones distintas que se quieran compartir en el lugar de destino, como salir de marcha con fanáticos de la noche u observar las estrellas en el Teide. En España se trata de una práctica que comienza a consolidarse ante la que expertos, sociedad civil y hoteleros contraponen datos y opiniones.

 

 

CanariasCNNews

                                                     

 

El sector turístico -que representa el 9% del PIB mundial- está experimentado fuertes cambios como consecuencia de la globalización y las nuevas tecnologías de la información, según un informe del investigador Greg Richards elaborado para el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), que analiza las relaciones entre turistas, empresas y su impacto en el tejido social de las ciudades.

 

Si bien el estudio titulado “El turismo y la ciudad: ¿hacia nuevos modelos?” destaca que esta gran industria, en la que se emplea a 255 millones de personas en todo el mundo, sigue controlada por las grandes empresas turísticas (líneas aéreas, grupos hoteleros y operadores turísticos) que utilizan las mismas ofertas de hace más de un siglo (plazas de avión, camas de hotel y actividades en el destino), en los últimos años se ha producido cambios importantes en la naturaleza de la producción, la distribución y el consumo del turismo con la llegada de nuevos actores, “estimulados por la expansión de Internet y el creciente deseo de nuevas experiencias por parte de los turistas”.

 

En este punto concreto, el informe hace especial hincapié en la rápida adaptación de las ciudades al entorno digital, como respuesta a la demanda de información online sobre turismo.

 

El experto Greg Richards cita a Airbnb, Couchsurfing y Uber como algunos de los marketplace que desafían a las empresas turísticas tradicionales para publicar, descubrir y reservar viviendas, poniendo al consumidor directamente en contacto con los locales: “no solo con empresas locales, sino también con residentes que se ocupan del desarrollo de una amplia gama de nuevos servicios y experiencias de turismo”.

 

Esta variación en la distribución del turismo, según Richards,  está suponiendo un cambio radical en la forma en que la gente consume el turismo y, especialmente, en la manera en que los turistas consumen las ciudades. Este artículo describe algunos de estos cambios e ilustra sus efectos a través del caso de Barcelona.

 

 

Nuevos productores turísticos

Otros dato que utiliza el autor del informe es que “el turismo está pasando de ser una industria en la que las empresas fabrican productos y los suministran a los consumidores, a un proceso de cocreación entre los productores y los propios turistas”.

 

Las razones que lo explican es que las nuevas perspectivas de comunicación que ofrecen Internet y las redes sociales faculta a la gente común –sobre todo a los habitantes de las ciudades– convertirse ellos mismos no solo en productores sino también en proveedores de turismo.

 

De hecho, los turistas no solo visitan lugares, sino que también los explican, analizan y valoran en sitios web como TripAdvisor y VirtualTourist.  Por sólo citar un ejemplo, el número de visitas mensuales de TripAdvisor es de alrededor de 375 millones y cuenta con 250 millones de reseñas que cubren más de 5 millones de establecimientos de todo el mundo (TripAdvisor, 2015).

 

Asimismo, el informe destaca que el número de blogueros activos en el ámbito del turismo es cada vez mayor.

 

A partir de una investigación realizada por la World Youth Student Educational Travel Confederation, el revela algunos datos y tendencias muy significativas, como es que el 66% de los viajeros jóvenes consulta blogs de viajes para obtener información (WYSE, 2014). “El hecho de que más del 80% de las personas que utilizan blogs indicara que las críticas tienen alguna influencia en sus decisiones de viaje demuestra asimismo que los blogueros y los sitios web de críticas de viajes son cada vez más influyentes en el mercado de los viajes; estas críticas –imparciales o pagadas– indican los lugares a los que deben ir los viajeros para estar «donde hay que esta”, señala.

 

 

Actualmente el turismo se ha convertido en una industria que está penetrando en el tejido de la ciudad en su conjunto, y los residentes locales se están convirtiendo en una parte clave de dicha industria.

 

 

Otra evidencia del estudio realizado por Greg Richards para el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB), tiene que ver con la forma en que el usuario organiza las prácticas de viajes. Si en el pasado sólo la información sobre los destinos era generada por quienes organizaban los viajes, ahora también pesa mucho la opinión de quienes disfrutan de ellos.

 

En este sentido, se ha producido un cambio en los tiempos en que se produce esta información, de manera que si antes “la actualización de las guías de viajes solía tomar años, ahora las opiniones y la información pueden aparecer en Internet o en la «blogosfera» casi instantáneamente (Paris y Hannam, 2016), especifica el investigador Richards.

 

La investigación ha puesto al descubierto cuestiones de enorme interés como es el caso del libre acceso de la información por parte del usuario, lo que ha supuesto un cambio importante en la base sobre la cual se negocia la autenticidad del lugar. Eso significa, revela el informe, que si en el pasado, la autenticidad se establecía en gran medida por un proceso de «sacralización de una vista», la aparición de la autenticidad a partir de una experiencia personal ha llevado a una valorización creciente de lo «local» como un importante portador de autenticidad.

 

A juicio de Richards, “la población local que habita en los lugares visitados por los turistas se ha convertido en un elemento esencial en el proceso de creación y comercialización del destino. Las personas locales han dejado de ser un telón de fondo pasivo (que añade «color local» a los entornos turísticos) para ser uno de los atractivos turísticos del destino”.

 

Otro dato significativo es que ahora, el turista no sólo puede directamente alquilar la habitación de alguien vía Airbnb o encontrar un taxi barato con Uber, sino también encontrar guías, reservar una plaza en un curso sobre habilidades locales, comer en un restaurante temporal  o encontrar ese bar local escondido. “Todo ello con solo deslizar el dedo por la pantalla del móvil”.

 

Para definirlo mejor: con empresas de servicio como Airbnb el turista puede contratar, no solo un viaje y un alojamiento, sino además todas las experiencias y situaciones distintas que se quieran compartir en el lugar de destino, como salir de marcha con fanáticos de la noche, observar las estrellas con entusiastas de la astronomía, etcétera. Y la mitad de las experiencias que se podrán contratar por menos de 400 dólares.

 

El cambio de tendencia en la naturaleza y la ubicación de la industria del turismo, un sector considerado hasta hace poco bastante estanco en manos de los grandes operadores, ya se ha comenzado a traducir en la consolidación de una industria doméstica que funciona desde millones de hogares en todo el mundo.

 

En este punto, hay que destacar la aparición de la economía colaborativa que según el informe “parece delimitar una nueva frontera en la integración del turismo y la vida cotidiana.

 

El Informe examina la rápida expansión de la «industria» del turismo, lo que plantea sin duda una serie de retos importantes no sólo para las empresas turísticas, sino también para las comunidades locales y los políticos, abordando las siguientes preguntas clave: ¿Por qué comprar o alquilar propiedades en las que establecer un hotel si se puede tomar prestado el apartamento de alguien? ¿Por qué contratar personal cuando se puede utilizar la mano de obra eventual de los residentes locales? ¿Por qué comprar costosos contenidos para tu propio sitio web cuando puedes conseguir que los propios usuarios los generen?

 

En el informe hace especial hincapié en analizar cómo los nuevos modelos de consumo turístico están obligando a las grandes ciudades a repensar su posición en el ámbito del turismo.

 

Para ello, el estudio ha tenido en cuenta  las reacciones de la industria hotelera ante Airbnb en ciudades grandes como Nueva York, así cómo las amenazas de cuantiosas multas ejercidas por parte de las administraciones locales de París y Berlín hacia Uber.

 

A pesar de estas adversidades, el informe destaca que en otras ciudades las administraciones están tratando de asumir la nueva situación, informando a los residentes de las condiciones en que se les permite alojar a huéspedes (como en el caso de Ámsterdam, por ejemplo). Sin embargo,  según el estudio del Barcelona Centre for International Affairs, “el éxito de Airbnb subraya la dificultad de controlar un movimiento estimulado por el deseo de los residentes locales de sacar provecho de su principal activo –su casa– para obtener ingresos adicionales, sobre todo en tiempos de adversidad económica. Estos desarrollos son particularmente relevantes en Barcelona, donde el impacto de la crisis económica se ha reducido hasta cierto punto gracias al rápido crecimiento de los ingresos del turismo”.

 

En sus conclusiones, el estudio plantea que el debate sobre el impacto de las nuevas tendencias del turismo en ciudades como Barcelona es casi siempre limitado y, por lo general, ignora las actitudes y opiniones de los residentes.

 

El informe añade que si bien en Barcelona hay una actitud positiva hacia el turismo, por considerar que sitúa la ciudad en el mapa y genera ingresos y empleos, sin embargo señala que el crecimiento de nuevos productos como Airbnb puede acabar teniendo otros resultados, tales como la colonización del espacio privado por el capital y la implicación de la «clase creativa» en la fuerza de trabajo de los servicios turísticos.

 

El debate se centra ahora en saber si la economía colaborativa trastorna los modos de producción actuales, o en percatase si en las ciudades las nuevas posibilidades de comunicación que ofrecen Internet y las redes sociales faculta a la gente común para convertirse ellos mismos en proveedores de un turismo más personalizado, sin que ello suponga la destrucción del pequeño comercio y el empobrecimiento de los modelos actuales de cultura.

 

 

 

(*) Greg Richards. Es profesor de Placemaking y Eventos, Universidad NHTV de Breda, y de Estudios de Ocio, Universidad de Tilburg (Países Bajos) 


 

 

 



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