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El Teide, cien años después (1916-2016) Destacado

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Ubicado en el corazón de la isla Tenerife, la visita al parque permite conocer una de los espectáculos volcánicos más grandiosos del planeta, cuyo paisaje se encuentra dominado por una excepcional geología, fauna y flora de extraordinaria belleza con características muy parecidas, según los expertos, con el Parque nacional del Gran Cañón del Colorado (Arizona, Estados Unidos). Ubicado en el corazón de la isla Tenerife, la visita al parque permite conocer una de los espectáculos volcánicos más grandiosos del planeta, cuyo paisaje se encuentra dominado por una excepcional geología, fauna y flora de extraordinaria belleza con características muy parecidas, según los expertos, con el Parque nacional del Gran Cañón del Colorado (Arizona, Estados Unidos).

 

 

Con el 80% de su territorio ubicado en La Orotava, Canarias guarda una de sus joyas naturales mejor preservadas, el Parque Nacional de Teide, creado en 1954, el mayor y más antiguo de los parques nacionales del Archipiélago, el tercero más antiguo de España y “un paradigma -como asegura Isidoro Sánchez en este artículo- de la naturaleza de Tenerife, de Canarias, de España, de Europa y del mundo entero. Por sus valores excepcionales y únicos a nivel universal, ligados a los procesos volcánicos, a la vegetación asociada, a la arqueología y a la astronomía”.

 

 

Isidoro Sánchez (*)

 

‘’En aquel amanecer la sombra del Teide se ha pintado en el cielo como una enorme montaña de niebla azul ‘’ (Alejo Carpentier)

 

 

En la historia española de la conservación de la naturaleza, el Teide siempre ha sido un referente, aunque el rey Alfonso XIII no sancionase su declaración como Parque Nacional en base a la Ley de 7 de diciembre de 1916, promovida por el senador asturiano Pedro Pidal.

 

El Teide siempre fue considerado, por sus valores, de manera especial. Por propios y extraños, por los aborígenes guanches y por los navegantes aventureros, particularmente por Cristóbal Colón, Feuillée y Borda, Humboldt y Meyers, por Berthelot y Piazzi Smyth, por H. Wildpret y Auber, por Haeckel y por Mascart, por el Dr. Pannwitz y el Dr. Pérez Ventoso, entre otros. También por escritores como Antonio de Viana y José Viera y Clavijo; más tarde por André Breton, Alejo Carpentier y Dulce María Loynaz, sin olvidar a Luis D. Cuscoy y Telesforo Bravo, a Sventenius y W. Wildpret.

 

El Teide fue centinela volcánico en el océano Atlántico desde que Ptolomeo fijó en la isla de El Hierro el Meridiano cero. En 1894 se inscribió en el registro de la propiedad la posesión de la finca Cumbres del Teide en favor del ayuntamiento de la Orotava, que dos años más tarde se opuso, junto con los diputados tinerfeños, a la inclusión de la finca volcánica en el proceso desamortizador promovido por el estado español.

 

El Teide siguió en manos de La Orotava que conoció la visita de Alfonso XIII en marzo de 1906. Tres años después el volcán Chinyero entró en erupción. El 1 de enero de 1916 se inauguró el Observatorio Meteorológico de Izaña y más tarde, al amparo de la Ley 7 de diciembre de 1916, de Creación de los Parques Nacionales, y del Reglamento que la desarrolló en 23 de febrero de 1917, el Ayuntamiento de La Orotava aprobó la moción presentada por el concejal Juan Acosta Rodríguez, para que el Teide se incluyese en la lista de sitios a considerar como Parque Nacional, en razón a sus recursos naturales. Tal como lo propuso a la administración del estado en Madrid el ingeniero del Distrito Forestal de Canarias, Arturo Ballester.

 

 

Hubo que esperar al consorcio que se formalizó en 1945 entre el Patrimonio Forestal del Estado y el ayuntamiento de La Orotava para reanudar las relaciones interadministrativas

 

 

Fue apoyada también por el flamante cabildo tinerfeño. Aún no se entiende cómo en 1918 sólo se declararon Parques nacionales a Covadonga y Ordesa. En 1924 se conoció la inscripción registral del dominio de la finca del Teide a favor del ayuntamiento de la Villa orotavense. En la II República se insistió por parte de la administración forestal de Tenerife para que el Teide se declarase Parque Nacional, acción que también el Cabildo insular reiteró en la posguerra española.

 

 

 

 

Hubo que esperar al consorcio que se formalizó en 1945 entre el Patrimonio Forestal del Estado y el ayuntamiento de La Orotava para reanudar las relaciones interadministrativas. Por ello 1952 y 1954 son fechas claves para conocer los expedientes de cesión de una parcela de 720 mil metros cuadrados en el corazón de la finca de las Cumbres del Teide, que le hizo el ayuntamiento orotavense al estado, para que pudiese construir un Parador de Turismo al pie de la montaña de Guajara. En mi opinión, a cambio de la declaración del Teide como Parque Nacional.

 

El canario Cerviá Cabrera fue el flamante subsecretario del nuevo ministerio que incluía el turismo en la administración de la España posfranquista. Así el general Franco firmó en el mes de enero de 1954 el decreto que declaraba al Teide como el tercer Parque Nacional, curiosamente con la base jurídica de la Ley 7, de 1916. El Teide caminó por la historia con la incorporación de un Parador en los años de 1950, de un Teleférico promovido por iniciativa privada en los años de 1960, y de un observatorio astrofísico en la década de 1970, por el IAC.

 

Se llegó a 1981 cuando se aprobó la Ley de reclasificación del Teide, junto a la de la Caldera de Taburiente, en La Palma, de Timanfaya en Lanzarote, y a la declaración de un cuarto Parque Nacional, Garajonay, en la isla de La Gomera. De 1985 evocamos la inauguración del Observatorio Astrofísico de Canarias en Izaña y continuando con el Teide resaltamos la fecha de 1994 cuando se le declaró Monumento Natural, y la de 2007 por ser el año en que la UNESCO lo incluyó en la lista de Bienes Naturales del Patrimonio Mundial después de Garajonay, en 1986, y Doñana.

 

También coincide el año de 1916 como fecha de la creación del Servicio de Parques Nacionales de los Estados Unidos de América después que en 1872 se declarase Yelowstone como el primer Parque nacional de USA. La celebración de su centenario, en 1972, permitió que Francisco Ortuño, director general del recién creado Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) de España, asistiese al acto oficial y trajese a España el espíritu conservacionista americano en materia de Parques Nacionales. Con ello cambió la filosofía de los Espacios Naturales Protegidos (ENP) en la Hispania Nostra. Sobre todo después de 1974 cuando se renovó el convenio entre España y USA. A la defensa se unió la conservación de la naturaleza y la historia.

 

 

 

 

Comienza la asistencia de técnicos españoles a los Seminarios organizados por la Universidad de Míchigan. Los primeros en viajar fueron José Miguel González, luego José Luis Aboal, Chiche Pascual y en 1976 tuve la oportunidad de viajar a Canadá, USA y México, al igual que participar en la primavera de 1982 en el Programa de Parques Nacionales gemelos entre USA y España. Fueron los años posteriores al intercambio técnico entre los servicios de Espacios Naturales Protegidos (ENP) de ambos países con especial hincapié en el Teide y Garajonay, en trámite de declaración. Antonio Machado y Lorenzo Aguilera también participaron de este intercambio técnico.

 

 

El Teide es un topónimo volcánico que anima el imaginario de geógrafos, geólogos y botánicos, de pintores y fotógrafos, de poetas y caminantes, de antropólogos

 

 

También volé al archipiélago de Hawaii para conocer la red de Parques Nacionales de las islas del Pacífico. El paralelismo volcánico fue asombroso. Los volcanes de Mauna Loa, Mauna Kea y la caldera del Kilauea, así como las fayas y los petroglifos, los "tajinastes" de Maui y los cañones volcánicos del Kauai, nos recordaron mucho a los Parques Nacionales de Canarias. Además del clima y del turismo y los cultivos subtropicales con la macadamia como referente. Algunos técnicos del ICONA asistimos al Congreso Mundial de Parques nacionales celebrado en Balí, en octubre de 1982, donde tuvimos la oportunidad de cerrar acuerdos profesionales con el Servicio de Parques Nacionales de Venezuela, iniciándose un marco importante de colaboración entre ingenieros, arquitectos y biólogos de ambas partes además de las correspondientes instituciones.

 

En Canarias el uso público y la gestión de los recursos, naturales y culturales, al igual que la participación pública y el patronato, son asuntos contemplados en el Plan Rector de Uso y Gestión, el PRUG, al igual que el desarrollo socioeconómico y la nueva gestión, después de ser transferida a la Comunidad Autónoma y delegada a los cabildos insulares. El Teide sigue siendo un paradigma de la naturaleza de Tenerife, de Canarias, de España, de Europa y del mundo entero. Por sus valores excepcionales y únicos a nivel universal, ligados a los procesos volcánicos, a la vegetación asociada, a la arqueología y a la astronomía.

 

El Teide es un topónimo volcánico que anima el imaginario de geógrafos, geólogos y botánicos, de pintores y fotógrafos, de poetas y caminantes, de antropólogos. Desde siempre ha sido una joya isleña de la Naturaleza y de la Cultura. Por eso forma parte de la historia de la conservación de la naturaleza, que no de la administración.

 

 

 

(*) Ingeniero de Montes. Funcionario del Estado (Ministerio de Agricultura y Ministerio de Medio Ambiente (1966-2003). Director del Parque Nacional del Teide (1974-80). Director del Parque Nacional de Garajonay (1982-87). Inspector Regional del ICONA en las Islas Canarias (1982-87)


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