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Biografía apresurada del Dr. Telesforo Bravo (1913-2002)

Publicado en Protagonistas

Por Melecio Hernández Pérez (*)

 
Para unirme al centenario del nacimiento de D. Telesforo Bravo, que, con tanto éxito se viene celebrando a lo largo del presente año en todo el Archipiélago canario, me permito reproducir el artículo que en el año 2002 publiqué en el periódico “El Día” con motivo de su fallecimiento, contando, como siempre, con la benevolencia del director de este periódico digital.

 
Sin otro síntoma patógeno aparente que la longevidad de su larga vida, D. Telesforo Bravo, prestigioso científico, investigador y docente, de sonrisa abierta y ojos vivaces, no abandonó nunca su buen humor ni ese halo de socarronería que brillaba en su mirada; tampoco su evidente configuración física e intelectual ni esa fecunda capacidad de trabajo que le animó hasta el último instante ocupado en su seria y rica labor investigadora que sólo tiene parangón con la de ese otro ilustre paisano del siglo XVII, todo un clásico de la ciencia mundial, D. Agustín de Betancourt y Molina.  

 
Al Dr. Bravo, a sus 89 años, en 2002, se le apagó el volcán de su corazón en el santuario de su casa de la calle San Juan. Aquel día, 7 de enero, con su peculiar optimismo y ansiedad investigadora, ajeno a su sino, estuvo tomando muestras de partículas del polvo en suspensión que por aquellas fechas oscureció el Archipiélago, y, entre sus miles de libros y diapositivas, proyectos y sueños inacabados, en un rutinario ejercicio de retirar un libro del estante, cayó fulminado, sin tiempo para analizar el elemento sahariano ni contemplar el cercano mar de sus primeros años.

 
Alguna vez declaró públicamente que la vida había que apurarla hasta el extremo de ser conscientes de que uno se muere. Y sin temor ni reparo apuraba su existencia en aras del mayor conocimiento de la Naturaleza con observación y discernimiento, sin importarle el tránsito natural de la muerte. Pero D. Telesforo, a pesar de tratarse de uno de los científicos más importantes del siglo XX, y haber nacido y vivido gran parte de su vida en el Puerto de la Cruz, era conocido ampliamente fuera de nuestras fronteras por su valía, prolífica actividad y obra de proyección internacional; pero si exceptuamos el mundo subterráneo del agua y el círculo universitario y cultural, no lo era tanto dentro de nuestros peñascos, pues su renuncia a la notoriedad le convirtieron en casi un desconocido incluso en ámbitos de la vida insular, ya que no era persona que se prodigara públicamente ni siquiera en los medios de comunicación avalado por su categoría en reclamo de popularidad y lucimiento personal; por lo que hay que celebrar que en estos momentos una valiosa pluma esté perfilando una documentada biografía del Dr. Bravo, porque ya se sabe, trazar una biografía no es simplemente un cúmulo de hechos, datos y cifras, sino, además y, sobre todo, una labor de penetración en la vida y obra e intimidades psicológicas del biografiado.

           
D. Telesforo Bravo nace en el Puerto de la Cruz el 5 de enero de 1913, año en que Poumet protagoniza desde el barranco de San Felipe el primer vuelo civil bajo cielo canario, y el Dr. Köhler en La Costa dirige el primer centro primatológico del mundo.

 
Tras realizar sus estudios de primera enseñanza y bachillerato en su ciudad natal que compagina con los baños de mar, elemento éste que en su juventud estuvo a punto de marcar su vida profesional, cursa la carrera de Magisterio en la Escuela Normal de La Laguna que culmina en 1935, paréntesis que abarca hasta el 52 en que, no obstante, sólo ejerce como maestro nacional una década, por mor de la Guerra Civil que le lleva al frente. Años más tarde, atendiendo su vocación más remota, cursa en la Complutense de Madrid la licenciatura de Ciencias Naturales, en un plan que reunía las tres ramas de Zoología, Botánica y Fundamental, y se docta en Ciencias Geológicas por la misma Universidad con la tesis “Estudio geológico y petrográfico de la isla de La Gomera” que mereció la calificación de Sobresaliente y Premio Extraordinario. En 1966 en “competencia con tres opositores”, gana la cátedra de Petrología de la Universidad de La Laguna, de la que fue decano, institución donde había sido profesor de clases prácticas y profesor adjunto interino de las cátedras de Geología y Petrología; y en la que siguió impartiendo la docencia durante unos 18 años hasta su jubilación a los 70 otoños en el año académico 1983/84.

 
“Conocedor como nadie-apunta García-Talavera de la Geología de Canarias, derivó sus investigaciones hacia la Hidrogeología de terrenos volcánicos, especialidad en la cual puede considerarse situado a la vanguardia mundial, siendo reclamado desde muchos países para impartir cursos y seminarios sobre la materia”.

 
Cuando D. Telesforo termina la carrera en la Complutense regresa a Canarias para trabajar varios años en Hidrogeología, aplicando sus conocimientos de las estructuras volcánicas que le acreditan como el más experto asesor de experiencias de extracción de aguas subterráneas. Nuevamente vuelve a Madrid para trabajar durante tres años en el mismo campo, desarrollando gran parte de su actividad en territorio peninsular. Después de ejercer como colaborador científico por dos años en el Museo Canario, viaja a Oriente Medio, contratado por compañías extranjeras para realizar investigaciones en esta faceta, con resultados favorables.

 
Vive en numerosos lugares del mundo, que acentúa su sentimiento universalista, y retoma a las Islas para proseguir su labor investigadora y docente en la Universidad.

 
El veterano conocedor de la naturaleza canaria, a quien gusta de todas las ciencias, dedicó gran parte de sus años al estudio e investigación de las distintas ramas, destacando sus conclusiones en Geología, Petrología, Vulcanología, Hidrología (sus informes sobre galerías gozaron de gran prestigio en todo el Archipiélago), sin olvidar sus aportaciones a la arqueología, flora y fauna canaria. Tomó parte de diversos congresos y simposios, tanto nacionales como internacionales, en los que presentó múltiples comunicaciones referentes a Canarias. Cuenta en su haber con cientos de conferencias y coloquios sobre infinidad de temas. Fue profesor en diferentes cursos, entre otros, los impartidos a extranjeros en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canaria (IEHC) del Puerto de la Cruz. Es autor de artículos de prensa y numerosas publicaciones en revistas y libros sobre materia de sus especialidades, entre las que se encuentra su “Geografía General de las Islas Canarias” y un elevado número de títulos que sería prolijo enumerar y que se relacionan en el tomo I, año 1990, del libro “Homenaje al Profesor Dr. Telesforo Bravo”, de la Universidad de La Laguna, a los que habría que añadir los títulos de los últimos 11 años de su vida, siendo dignos de mención la confección de los mapas geológicos y la cartografía de los Parques Nacionales de Canarias. También participó en la redacción de los proyectos de la Ley de Aguas de Canarias.

 
El Dr. Bravo, por su prolífica actividad, perteneció a diversas sociedades científicas. Fue miembro de la Comisión Nacional de Geodesia y Geofísica, de la Sociedad Geológica de España, Real Academia de Medina de Canarias, y de los Patronatos de los Parques Nacionales del Teide y Garajonay, así como de los Institutos de Estudios Canarias y Estudios Hispánicos de Canarias, Real Sociedad  Económica de Amigos del País y Real Sociedad Española de Historia Natural de Madrid, entre otras entidades culturales.

 
Fue distinguido con los Premios Canarias de Investigación de 1989, Hijo Predilecto de Tenerife, César Manrique de Medio Ambiente. Posee las medallas de Oro del CIT del Puerto de la Cruz, Asaga, de la Asociación Canaria para la Enseñanza de las Ciencias “Viera y Clavijo”; Teide de Oro y Premio Ranilla de Plata, en otros galardones.

 
Y para concluir, una vez más, recordar que su patria chica no ha reconocido suficientemente los muchos méritos del Dr. Bravo, ya que este sabio recientemente desaparecido, ni es hijo predilecto del Puerto de la Cruz, ni medalla de oro de la ciudad, ni cuenta con una calle en su suelo natal. Seguro que ahora vendrán los reconocimientos póstumos. (Y así fue pasado el tiempo, haciendo honor al refrán de “que nadie es profeta en su tierra”).

 
Mientras pienso en esa ingratitud, me llena el alma el eco sonoro de un mundo de aplausos que una multitudinaria concurrencia a las puertas de la iglesia matriz de la Peña de Francia tributó a modo de despedida y de forma espontánea como uno de los más emotivos y sencillos homenajes que se llevó D. Telesforo Bravo en el último viaje.

 

(*) Melecio Hernández Pérez, investigador, escritor y destacado divulgador de la historia del Puerto de la Cruz.         

 


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