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LECUONA, LOYNAZ Y OTHONIEL Destacado

Publicado en Canarias
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Lecuona era hijo de canario, la cubana Dulce María estuvo casada con otro canario, Pablo Álvarez de Cañas, y el cubano Othoniel es un gran enamorado de Canarias y obviamente de su Cuba natal, al igual que de la música de Lecuona y de la literatura de su paisana Loynaz. Lecuona era hijo de canario, la cubana Dulce María estuvo casada con otro canario, Pablo Álvarez de Cañas, y el cubano Othoniel es un gran enamorado de Canarias y obviamente de su Cuba natal, al igual que de la música de Lecuona y de la literatura de su paisana Loynaz.

 

 

Tenerife, ciudad donde falleció el pianista y compositor Ernesto Lecuona, conmemora 53 años de la muerte del genial músico cubano con un concierto del pianista Othoniel Rodríguez que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz. Esta es la crónica de Isidoro Sánchez.

 

 

Isidoro Sánchez García (*)

 

 

La música, a lo largo de los siglos, ha sido el hilo conductor de la cultura entre Cuba y Canarias. En el caso de Cuba sobresalen Ernesto Lecuona, Dulce María Loynaz y Othoniel Rodríguez. Un trío de envergadura, desde el siglo XIX al XXI. Como sucedió con Francisco González Díaz, un canario en Cuba en los años de la Primera  Guerra Mundial.

 

El cubano Lecuona era hijo de canario, la cubana Dulce María estuvo casada con otro canario, Pablo Álvarez de Cañas, y el cubano Othoniel es un gran enamorado de Canarias y obviamente de su Cuba natal, al igual que de la música de Lecuona y de la literatura de su paisana Loynaz. Los tres han hecho posible que la Cubanía y la Canariedad sean una realidad por culpa de ese mar Atlántico, ese jardín azul de flores de cristal que une Cuba con Canarias y tanto le gustaba a la poeta cubana Dulce María Loynaz, Hija Adoptiva del Puerto de la Cruz y Premio Cervantes en 1992.

 

El 29 de noviembre de 2016, recordamos de nuevo  la figura de Ernesto Lecuona mediante unos artículos de algunos de sus admiradores, Othoniel e Isidoro, que a lo largo de décadas han llevado por el mundo, en su mochila cultural, las composiciones musicales de Lecuona y la prosa poética de su admiradora Loynaz.

 

Por ello resulta gratificante volver a escuchar al amigo y vecino geográfico Othoniel Rodríguez, en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, y no muy lejos del Hotel Mencey donde falleciera el maestro Lecuona en 1963, cuando se acercó a la isla del Teide para visitar  a su familia, tras la revolución castrista de 1959. Al igual que otro canario cubano, Tomás Felipe Camacho, natural de la isla de Taburiente, que vino a casa de su amigo Antonio Perera en la capital tinerfeña dos años antes donde falleció con  unas orquídeas en las manos.

 

En esta noche tinerfeña volvimos a disfrutar de la música de Lecuona gracias a la maestría del amigo Othoniel que compartió conmigo ratos musicales inolvidables recordando a estos dos archipiélagos atlánticos  que son Cuba y Canarias, cunas de ciclones y volcanes, respectivamente. El recorrido por la geografía canaria, europea y americana es un buen testigo, y de manera particular municipios como el Puerto de la Cruz, La Orotava, La Laguna y Santa Cruz de Tenerife; Valle Gran Rey en La Gomera  y Las Palmas de Gran Canaria, al igual que capitales como Madrid, París, Bruselas, Berlín y Miami. La Comparsa, Malagueña, María de la O, Damisela Encantadora, Córdoba, Andalucía, Polichinela, Siboney, entre otras, conforman la actividad pianística de este admirado compositor, Lecuona, prodigio de la música cubana.

 

 

(*) Ex eurodiputado y promotor cultural


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