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Alarmante anarquía venezolana Destacado

Publicado en Internacional
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Después de varias jornadas de protestas, los venezolanos sobreviven estoicamente entre la violencia, la inseguridad, la limitación del suministro de alimentos y medicinas y la radicalización política de un régimen totalitario. Después de varias jornadas de protestas, los venezolanos sobreviven estoicamente entre la violencia, la inseguridad, la limitación del suministro de alimentos y medicinas y la radicalización política de un régimen totalitario.

 

 

En un acto reciente en Caracas, Nicolás Maduro ha asegurado que lo que no logre con los votos, lo logrará con las armas. Si el discurso arrogante y violento del dictador venezolano resulta alarmante, probablemente lo sea más el alcance de la tolerancia occidental hacia los abusos contra el pueblo, cometidos por una casta militar autoritaria y cruel en estado de crisis. El pueblo venezolano exige una salida con urgencia a la incertidumbre institucional que vive el país. La comunidad internacional no puede cruzarse de brazos cuando se masacra con alevosía e impunidad a una población.

 

 

Juan Carlos Sánchez Reyes (*)

 

 

Si inquietante resulta que Nicolás Maduro asesine día tras día a ciudadanos indefensos y torture sin piedad al opositor Leopoldo López en la cárcel militar de Ramo Verde, más alarmante para el futuro de Venezuela es que el dictador haya amenazado en un acto en Caracas que en cualquier momento someterá al país a la violencia, a la destrucción y a la muerte más despiadada.

 

Los acontecimientos de la última semana en Venezuela avivan las peores sospechas sobre las intenciones del régimen chavista, que ya no puede ocultar sus sobradas muestras de estar perdiendo el control de la situación.

 

Ahora, el inexplicable ataque de un helicóptero de la Policía Científica de Venezuela sobre la sede del Tribunal Supremo de Justicia en Caracas --por más que se empeñe Maduro en calificar la autoagresión como escalada armada orquestada por terroristas-- no es sino un farsante esfuerzo por encontrar un chivo expiatorio para tratar de imponer a toda costa la inminente Asamblea Nacional Constituyente.

 

En su arrebato autoritario, el dictador chavista ha comenzado a actuar como si pudiera faltar a los principios del Estado de derecho con absoluta impunidad y descaro. El último se produjo ayer cuando la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia venezolano (TSJ), controlada por el chavismo, dictó una sentencia en la que declara que la Defensoría del Pueblo puede asumir competencias de la Fiscal General.

 

Estas decisiones responden a una estrategia única: preparar la trama golpista final a las pocas instituciones democráticas que quedan en el país y barrer cualquier tipo de oposición y libertad de expresión, en su afán desesperado por aferrarse al poder.

 

Por si fuera poco, Nicolás Maduro persiste en empujar a Venezuela a una situación muy peligrosa en el ámbito de las relaciones diplomáticas, manipulando y aplazando las gestiones de algunos observadores internacionales que se han ofrecido a colaborar de buena fe en la consecución de un acuerdo mediante el cual los militares devuelvan el poder a los civiles a través de unas elecciones libres e inmediatas con la participación de todas las fuerzas políticas, sin excepciones y en igualdad de condiciones.

 

Este columnista siempre ha defendido el diálogo y la no injerencia como fórmula para afrontar los principales problemas en el mundo. Pero el régimen de Maduro se empeña  en el discurso de la confrontación, en aplastar a su pueblo y repudiar a quienes le ofrecen la mano desde el ejercicio de la diplomacia para ayudar a Venezuela a salir del gravísimo problema institucional en que se encuentra.

 

Lamentablemente, el reciente fracaso de la condena a Venezuela en la Cumbre de la OEA muestra la incapacidad de la comunidad latinoamericana para enfrentar los despropósitos de un régimen sanguinario e irrespetuoso con la convivencia en libertad y en democracia.

 

Por ello, la comunidad internacional no debería permitir esta espantosa deriva y no habrá forma de pararla sin una acción concertada para advertirle cuanto antes al régimen de Maduro de que su represión absolutamente desproporcionada contra el pueblo y sus fanfarronadas autoritarias tendrán graves costes políticos, diplomáticos y económicos para su gobierno y para el séquito petrolero que le secunda.

 

Es fundamental que EEUU y la UE y organismos como la ONU y la OEA se solidaricen con este pueblo valiente sobre los principios de la defensa de la libertad y el derecho, y con firmeza pongan en marcha iniciativas y compromisos diplomáticos serios y realistas, apelando incluso legítimamente al uso de la fuerza, cuando sea preciso, con plena legalidad para adoptar cuanto antes cualquier tipo de decisión que salvaguarde la vida de los ciudadanos y la supervivencia de la nación y de la democracia en Venezuela.

 

El pueblo venezolano exige una salida con urgencia. Las imágenes de agentes de la Guardia Nacional Bolivariana disparando a bocajarro contra un pueblo indefenso y los cuerpos ensangrentados sin vida de muchos jóvenes en las calles han vuelto a recordar al mundo que en Venezuela se está viviendo una de las mayores tragedias civiles del siglo XXI.

 

Y es hora ya de pararla.

 

 

(*) Director de CanariasCNNews


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