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El mundo según Einstein

Publicado en Internacional
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Se han cumplido 134 años del nacimiento del científico Albert Eisntein, descubridor de la teoría de la relatividad. Canarias Cultura & Negocios conmemora esta fecha histórica con la reproducción de un vídeo en el que el científico más relevante del siglo XX recoge una serie de ensayos y reflexiones sobre su particular visión del mundo, más allá de la fórmula mágica por la que seguimos estudiando los conceptos del espacio y del tiempo formulados por el gran genio de la física.

 

Por Juan Carlos Sánchez

 

A través de la historia, algunos falsos eruditos se han empeñado en establecer un abismo entre ciencia y poesía. Einstein con sus teorías se encargó de rectificarlos. El investigador cuando oía una sinfonía percibía matemática en los oídos, pero cuando despejaba una ecuación experimentaba música para sus ojos. Henri Poincaré confesó que cuando llegaba al punto más vertiginoso de sus cálculos sentía que ahí estaba esperándolo la poesía. Esta frase resume mejor que ninguna la obra de Einstein. “Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber”, no se cansaba de repetir el sabio alemán.

 

Aunque nació el 14 de marzo de 1879 en la ciudad bávara de Ulm, en el seno de una familia judía de clase media, Zurich y Berlín fueron las ciudades que más le marcaron como científico y como persona. En ellas se dio a conocer y luego se hizo famoso. Y en ambas pocos estudiosos de su tiempo ayudaron tanto a los europeos, y luego al mundo entero, a salir del atraso y de la grisura cotidiana y a transformar el mundo de la ciencia en esperanza como Einstein, desde que iniciara sus estudios superiores en la Eidgenossische Technische Hochschule de Zurich, donde bajo las orientaciones del matemático Hermann Minkowski, creara la bases de sus futuras teorías científicas.

 

Además de escribir con un talento fuera de lo común, Einstein desde principios del siglo XX publicó sus cinco trabajos en la revista alemana Annalen der Physik. El primero de ellos le valió el grado de doctor por la Universidad de Zurich, y los cuatro restantes acabaron por imprimirle un giro de 360 grados a los conceptos que la ciencia ofrecía del universo.

 

En 1921, tras recibir el Premio Nobel, aunque no por sus estudios acerca de la relatividad, sino por trabajos relacionados con el efecto fotoeléctrico, la revista The Times no tardó en considerarlo el nuevo Newton.

 

Yo no sé que sería de este mundo sin la fórmula E = MC2. Tampoco imagino qué seríamos sin el poético Eppur si muove de Galileo. Si las ideas de Einstein sobre la estructura del espacio y del tiempo, que él consideraba como un "tejido" o una "fibra", revolucionaron todo el panorama de la Física y de la Astronomía, su famosa ecuación, la que todo el mundo ha visto alguna vez en un libro, en un anuncio o estampada en una camiseta: la energía es igual a la masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado, han marcado la historia de la Astronomía y de la vida como en su día lo hicieron Aristóteles, Ptolomeo, Pitágoras, Copérnico, Kepler, Newton, Herschel, entre otros. Científicos ilustres que, cada uno en la época en la que le tocó vivir, derribarron barreras y superaron el desafío que los secretos del Universo le ha presentado a la civilización humana a cada paso.

 

Sin embargo, en el recuerdo público en general lo más conocido de Einstein probablemente sean las imágenes de ese científico de pelo canoso y despeinado, con un cierto aire de payaso de circo a lo Groucho Marx, que tocaba el violín y que se escondía detrás de una enorme lengua en la que relativizaba la seriedad de la vida.

 

Y es que el ímpetu creativo de Einstein no se confinó en sus proyectos investigativos sobre la física y el universo. Sus cualidades polifacéticas, su extravagante personalidad y su obra ensayística y epistolar resultan también de enorme interés para los estudiosos de su vida. "No te preocupes por los problemas que tienes con las matemáticas; puedo asegurarte que los míos son mucho mayores". Einstein envió esta nota, junto a una página llena de diagramas, a una niña de quince años que le había escrito pidiéndole ayuda para sus deberes. ¿Teoría de la relatividad sobre el eterno dilema del conocimiento efímero?

 

 

Tal vez esta anécdota ilustre mejor que ninguna su extraordinaria genialidad. El 29 de enero de 1931, Albert Einstein junto al astrónomo, Edwin Hubble, visitaron el monte Wilson, en el sur de California donde se alojaba el telescopio más grande de la época. Einstein de 51 años quedó fascinado como un niño con los instrumentos astronómicos que entonces le mostraron. Cuando le comentaron a su esposa, Elsa, que el gigantesco reflector se usaba para determinar la forma del universo, dicen que ella replicó: “Pues mi marido lo hace en el revés de un sobre usado”.

 

Eso fue también Albert Einstein, a lo largo de toda su vida: un espectáculo. Que él mismo dirigió y encarnó, con sabiduría sin igual y sin descuidar el más mínimo detalle. Sabía que era inteligente y genial y a pesar de ello no fue jamás un necio. "Hay dos cosas que son infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”, la reservaba entre sus frases favoritas. Y quizá no le faltó la razón a uno de los personajes más relevantes del siglo XX, al tiempo que una de sus mentes más prodigiosas.

 

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