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España es uno de los países de la UE que más desperdicia comida pero que menos lo reconoce

Publicado en Nacional
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Según un estudio de la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (Hispacoop), cada hogar desperdicia un promedio de 76,4 kilos de comida al año, aunque sólo un 9 % de ellos se culpa a sí mismo de tirar alimentos a la basura con cierta frecuencia. El nivel de preocupación de los expertos es muy alta, según se pone de manifiesto en esta investigación que confirma que vivimos en una sociedad regida por las reglas de usar, tirar y no compartir. Para más inri y en el contexto de la peor crisis económica del último siglo, España se niega a contemplar una legislación que autorice el despacho de comidas a entidades humanitarias que aunque pasada la fecha de referencia no superan el plazo de consumo seguro.

 

Por Canarias Cultura & Negocios

 

El estudio ha abierto un debate sobre la importancia de hacer un consumo racional y responsable, y sobre la posibilidad de comercializar productos alimentarios una vez rebasada la fecha de consumo preferente, como han autorizado otros países.

 

Para realizar la encuesta se han sometido a un control exhaustivo a 413 hogares -elegidos de forma aleatoria- durante siete días consecutivos y en horarios diferentes, y se ha tenido en cuenta el testimonio de 3.454 personas de todas las comunidades que se ocupan de la alimentación de cada casa, según explica un comunicado de Eroski Consumer, perteneciente a Hispacoop.

 

Las cifras proporcionadas por este informe no incluyen aquellos alimentos susceptibles de ser consumidos directamente, por lo que se excluyeron peladuras de patatas, frutas u hortalizas, huesos o cualquier otro componente que no estuviese destinado al consumo directo.

 

Los datos hablan por sí solos

La estudio revela que en tan sólo una semana los hogares tiraron 554 kilos de alimentos en una semana, de los que un 19 % eran pasteles, cereales y pan; un 17 %, frutas, verduras, leche y derivados, y un 13 %, pasta, arroces y legumbres. El tercio restante está formado por carnes y comidas preparadas o precocinadas (un 6%, respectivamente), embutidos (5%), snacks (4%), alimentos en conserva (otro 4%), pescados y mariscos (3%), huevos (también un 3%) y bebidas (7%).

 

Asimismo, la investigación permite dibujar un mapa del momento en que se generan más desperdicios de alimentos en las tres comidas del día, siendo la comida del mediodía (el almuerzo) el momento en el que se tiran más alimentos (un 35 % del total), seguida de la cena (27 %) y el desayuno (20 %).

 

La primera conclusión a tener en cuenta por los analistas es que durante una semana, cada español podría arrojar a la basura 32,2 kilos de alimentos al año, lo que supone 1,52 millones de toneladas entre toda la población.

 

Hechos para reflexionar

¿Somos realmente conscientes de la cantidad y calidad de alimentos que destinamos al cubo de la basura? Esta valoración está recogida en el estudio, en el que se pone de manifiesto la confusión que tienen los consumidores a la hora de diferenciar entre fecha de caducidad (en qué momento el producto deja de ser seguro para consumirlo) y consumo preferente (cuando pierde sus cualidades sin riesgo para la salud). En este caso, uno de cada cuatro entrevistados confundía ambos conceptos, lo que ha llevado a pensar a los investigadores que muchos alimentos aptos para el consumo acaben en el cubo de la basura.

 

En un país como España donde el número de personas que acuden a comedores sociales o a organizaciones para que le presten ayuda también ha aumentado hasta el punto de que algunas como Cáritas denuncian la escasez de recursos, otros datos de la investigación revelan que pocas veces somos conscientes de la cantidad de comida que se desperdicia, ya que solo el 5 % de los encuestados reconoce que suele tirar comida a la basura; mientras que el 95 % restante asegura que intenta conservarlos en el frigorífico o congelados -aunque entre ellos hay otros 5 % que confiesa que suele acabar tirándolos.

 

El equipo responsable de la investigación ha manifestado su preocupación por la gravedad del desperdicio de alimentos, una tendencia especialmente relevante en el mundo, si se tiene en cuenta que la comida que se desaprovecha en Estados Unidos y la Unión Europea podría alimentar a los 1.000 millones de personas que pasan hambre en el mundo.

 

Los investigadores inciden sobre la necesidad de acciones de sensibilización a este respecto. 

 

Que el número de personas que busca comida en los basureros cercanos a cualquier supermercado se ha incrementado en España y en Canarias, es un hecho comprobable que nos debe hacer reflexionar.

 

Según testimonios a los que ha tenido acceso este periódico, por sólo citar un ejemplo, en un gran hotel de Tenerife, con un bufé variado y abundante, se tira a la basura todo lo que sobra después de cada comida. Me dicen que eso ocurre en casi todos los centros hoteleros. Aunque también es verdad que no son pocas las empresas, que conscientes del drama del hambre, ya optan por donar sus excedentes en vez de tirarlos.

 

En esa línea, algunos sectores de la sociedad ya han reaccionado a esta situación. De hecho existen asociaciones dedicadas a recoger las comidas que sobran después de las bodas, banquetes y otras celebraciones para entregarlas a los comedores donde acuden personas sin hogar.

 

Por su parte, existen ayuntamientos que han impulsado planes pilotos para cerrar con un candado los contenedores próximos a los supermercados y a cambio ofrecer cestas de comida a quienes rebuscan en la basura algo con lo que alimentarse. De hecho, Estados Unidos o Alemania ponen en contacto personas o instituciones que reparten comidas entre los más necesitados, proveniente de empresas y particulares que pueden ofrecerla.

 

Lo que sí es una realidad es que los contendedores en los que los supermercados tiran los productos a punto de caducar son un punto de encuentro en la madrugada para aquellas personas que no tienen recursos, y cada vez son más.

 

Desde el 2012 el Parlamento Europeo (PE) propuso cambiar la normativa sobre la fecha de caducidad en el etiquetado de los alimentos para clarificar su periodo de vida útil, como parte de un paquete des medidas destinadas a reducir el desperdicio anual en los países que forman parte de la UE de casi 90 millones de toneladas de productos en buen estado.

 

Entre otras propuestas, el documento contempla modificar la normativa sobre contratos de restauración por parte de las instituciones públicas, con vistas a dar prioridad a las empresas de "catering" u otras que utilicen productos locales y ofrezcan gratuitamente o redistribuyan los alimentos sobrantes. El procedimiento comunitario valora, asimismo, las iniciativas ya adoptadas en algunos estados miembros para recuperar a escala local los productos no vendidos y redistribuirlos a los ciudadanos más necesitados.

 

Con este escenario de fondo, España se niega a contemplar una legislación que autorice el despacho de comidas a entidades humanitarias que aunque pasada la fecha de referencia no superan el plazo de consumo seguro. Todo lo contrario de países como Grecia que autorizan la venta al por menor de estos productos a precios más baratos. Una directiva que no contradice la propuesta de la Eurocámara.

 

El debate sobre los precios de los productos básicos, la seguridad alimentaria, la crisis y cómo resolver los problemas más acuciantes de alimentación de las personas está desde hace tiempo en la opinión pública y es especialmente sensible cuando se vive en una sociedad donde mientras algunos están dispuestos a comer lo que recogen de los contenedores, el resto de la sociedad despilfarra alimentos que serían perfectamente consumibles.

 

Todo parece indicar que la cadena alimentaria en su conjunto es responsable de este derroche, desde la producción hasta la mesa, pasando por la desidia de las administraciones competentes. Sería deseable por lo tanto que, de una vez, en nuestro país cunda el ejemplo y la solidaridad.

 

 


5 de junio. Día Mundial del Medio Ambiente. ¿Sabes cuánto contaminas?

 

 

 



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