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Oleg Popov, una vida dedicada a la alegría

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Oleg Popov, conocido como el “payaso sol”, nació en 1930 cerca de Moscú. Su infancia como la de la mayoría de los niños rusos de la época estuvo marcada por las restricciones propias del régimen comunista. A los ocho años, su padre fue arrestado por la KGB de Stalin y nunca más le volvieron a ver. Eso le marcó para siempre.

Desde muy joven realizaba diversos trabajos para ayudar a su madre con la maltrecha economía familiar. Durante una exhibición del club de atletismo, fue invitado por el director de la Escuela de Circo de Moscú para hacer los exámenes. La escuela de circo incluía rigurosos entrenamientos durante más de 10 horas diarias, pero la recompensa de llegar a ser un artista de circo era un aliciente.

Tras su graduación en 1949, comenzó a trabajar en el Circo de Moscú. El reconocido payaso Karandash le invitó como asistente en uno de sus actos, con quien aprendió muchos secretos del mundo circense. En 1952 se casó con Alexandra, una bella violinista de la orquesta del circo. Aunque no fue su intención ser payaso, el destino así lo quiso cuando en 1954 el clown estrella del circo cayó enfermo y le indicaron a Popov que debía sustituirle. Improvisando, juntó algunos elementos propios de la cocina del circo: un gorro de chef, un par de patatas, algunos tenedores, cacerolas y sartenes e inventó un número cómico sobre la marcha. La actuación fue inolvidable y Popov nunca abandonó este camino. No le resultó muy difícil llegar a ser conocido y admirado en su tierra natal: su talento y una sonrisa abierta contribuyeron al éxito. Vistiendo una peluca amarilla y un gorro de cuadros blanco y negro con una margarita, Popov se las ingenió para conquistar los corazones del público.

En 1956, las autoridades rusas consideraron que sería bueno para la imagen del régimen enviar una delegación del Circo Sovietico de gira por varios países. Así Popov comenzó su andadura internacional por Bruselas, Monte Carlo, Munich, Frankfurt y Berlin. La compañía viajaba con varios agentes de la KGB para evitar deserciones durante la gira. El público le adoraba y recibía ovaciones allí donde actuase. Al regreso a Moscú, Popov fue recibido con los máximos honores.

 

Giras por todo el mundo se sucedieron durante más de treinta años. En 1981 le otorgaron el  Payaso de Oro en el Festival del Circo de Mónaco, un merecido reconocimiento por su trabajo.

El secreto de su oficio: crear alegría, y no sólo buscar la risa por sistema. Popov siempre ha considerado el trabajo de payaso como una obra de arte.

En 1990, la muerte por cáncer de su mujer Alexandra significó un duro golpe. Cuando recibió la noticia, Popov se encontraba de gira en Hamburgo y sabía que al regresar a Moscú al funeral de su esposa, las autoridades rusas, con quienes siempre estuvo enfrentado, no le permitirían volver a salir del país. El artista de la alegría, desolado y triste, tomó la decisión más difícil de su vida: no volver. Cuentan los cronistas que cuando Alexandra estaba siendo enterrada en la capital moscovita, Popov hacía su número en el escenario sin que los espectadores pudieran imaginar la gran pena que embargaba a su alma.

Poco tiempo después, Popov conoció a la alemana Gabi Lehmann durante una actuación. Dos años después se casaron y desde entonces Gaby y Popov son además pareja en la pista, donde hacen malabares y magia.

 

Popov es el payaso en activo con más edad de todo el mundo y su incansable capacidad de trabajo le permite estar medio año de gira con el Gran Circo Estatal Ruso, propiedad de una familia holandesa. Sus actuaciones emocionan por igual a públicos tan diversos como el de Alemania, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos. Es una leyenda viviente. Ningún payaso en la historia ha trabajado tanto como él, sus representaciones desbordadas de poesía escénica, se caracterizan por el amor y la energía positiva que transmite a las personas. Aunque ya no trabaja como acróbata, deleita al público con sus números que convierten la pista del circo en un lugar hermoso y lleno de fantasía.

Cuando no está de gira, Popov se retira a una granja cerca de Nuremberg, rodeado de caballos, perros, conejos entrenados que le acompañan en las actuaciones. «Es muy humilde, a pesar de la fama», han comentado los compañeros de circo de este artista único que tiene una respuesta innegociable cuando le preguntan sobre su posible retiro: “¿Parar? ¿yo? ¡Nunca! Un payaso muere en el escenario”.

 

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