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Foto tomada en La Habana. Febrero, 1994. Fidel Castro con Manuel Hermoso, presidente del Gobierno de  Canarias. Detrás, en el centro, Isidoro Sánchez, viceconsejero de Relaciones Institucionales del Gobierno de Canarias, algunos empresarios canarios y funcionarios cubanos. Foto tomada en La Habana. Febrero, 1994. Fidel Castro con Manuel Hermoso, presidente del Gobierno de Canarias. Detrás, en el centro, Isidoro Sánchez, viceconsejero de Relaciones Institucionales del Gobierno de Canarias, algunos empresarios canarios y funcionarios cubanos.

 

 

La noticia sobre el fallecimiento del líder de la revolución cubana Fidel Castro ha circulado como pólvora y las anécdotas no se han hecho esperar, como las que cita en este artículo el ex viceconsejero de Relaciones Institucionales del Gobierno de Canarias, Isidoro Sánchez, vividas durante sus viajes oficiales a Cuba.

 

 

Isidoro Sánchez García (*)

 

 

Desde 1985 comencé a cruzar el charco, el océano Atlántico,  en dirección a Cuba, para conocerla por diversas razones. Primero familiares, cuando fui con mi madre y mi esposa; luego sociales,  deportivas  y culturales. Unas veces como ciudadano del mundo  y en otras como político, así hasta 2003 que regresé a la sociedad civil.

 

Siendo responsable de las relaciones institucionales del ejecutivo canario  y tras una amplia negociación entre los Gobiernos de Cuba y de Canarias, con conocimiento del embajador de España en La Habana, José A. San Gil, se organizó un viaje político, social y empresarial a Cuba en la primavera de 1994.

 

La idea era formalizar un convenio de tipo turístico y comercial sustentado en una operación de tipo  social que se organizó entre ambos gobiernos después de la entrada en vigor en Cuba del llamado ‘Período Especial’, derivado de la crisis producida por la caída del Muro de Berlín y del comunismo en la URSS.

 

El mismo Fidel Castro le había escrito en 1993 sendas cartas a Manuel Fraga, presidente de Galicia, y a Manuel Hermoso, presidente de Canarias, para que ayudasen económicamente a los emigrantes gallegos y canarios, respectivamente, ya que la Constitución de Cuba se había modificado en 1992 por las crisis socio políticas y se permitía, entre otros asuntos socioeconómicos, la tenencia de divisas por partes de los cubanos residentes en la isla grande de las Antillas.

 

Esa fue la razón por la cual viajé oficialmente a Cuba como responsable del ejecutivo canario en el verano de 1993, para tratar con el vicepresidente del consejo de ministros, don José Ramón Fernández, éste y otros asuntos más, relacionados con el mundo social y empresarial: como las ayudas a las familias canarias asentadas en Cuba, la recuperación de la Casa de Canarias expropiada por el gobierno cubano cuando la revolución de 1959 y la formalización de un acuerdo de inversiones relacionado con el turismo.

 

También para tratar con la embajada de España y las asociaciones canarias en Cuba la recuperación de la nacionalidad española para aquellos canarios emigrantes a las repúblicas iberoamericanas que la habían perdido por razones laborales.  En este segundo viaje fui acompañado por el que fuera Fiscal General del Estado, Eligio Hernández, siendo presidente del Gobierno de España, Felipe González.

 

La tercera y última vez que volé a Cuba de manera oficial fue en marzo de 1994, acompañando al presidente Manuel Hermoso y a un grupo de empresarios canarios, interesados principalmente en asuntos comerciales turísticos en la isla caribeña. Fidel recibió al presidente Hermoso junto con la delegación canaria en el palacio de la Revolución, mientras que el embajador español ofreció a Fidel una cena diplomática a un reducido número de canarios y cubanos en la residencia del embajador.

 

Fidel confesó que era la primera vez que acudía a la residencia del diplomático español, y se interesó por la Autonomía de Canarias y piropeó al recordado embajador español Lojendio cuando se le enfrentó. Por parte cubana acudieron algunos jóvenes delfines políticos que luego hemos visto han caido en el ostracismo. El convenio se firmó sin problema alguno, se ayudó a la gente y se recuperó en La Habana un inmueble para Casa de Canarias.

 

El presidente Manuel  Hermoso le obsequió a Fidel Castro una barrica de malvasía canario. Antes del regreso a Canarias, vía Venezuela, fuimos a visitar a la ínclita escritora Dulce María Loynaz, Hija Adoptiva del Puerto de la Cruz y Premio Cervantes 1992,  que se había anclado en el sillón habanero de su casa de El Vedado. Manuel Hermoso le agradeció cómo había adornado Canarias con su  literatura.

 

 

(*) Viceconsejero de Relaciones Institucionales del Gobierno de Canarias (1993-94). Diputado del Parlamento Europeo (1992-93, 1994-96 y 1999-2003)


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