La conexión entre Gregorio Fuentes y Ernest Hemingway comenzó en 1938, cuando el escritor americano llegó a Cuba a bordo del Pilar, su embarcación de pesca. Fuentes, que llevaba años trabajando en los cayos cubanos después de emigrar desde Lanzarote a los catorce años, se convirtió primero en tripulante del escritor y más tarde en su patrón de confianza durante más de dos décadas.
La relación entre los dos hombres trascendió el marco laboral para convertirse en una amistad profunda, marcada por las largas jornadas de pesca en las aguas del Golfo de México, las noches en el bar La Bodeguita del Medio y las conversaciones que Hemingway aprovechaba para nutrir su obra literaria de experiencias auténticas.
La emigración canaria a Cuba
La historia de Gregorio Fuentes es también la historia de miles de canarios que emigraron a Cuba entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Las condiciones de vida en el archipiélago canario —sequías periódicas, escasez de tierras cultivables y limitadas oportunidades económicas— impulsaron una corriente migratoria hacia Cuba que dejó una huella profunda y duradera en la cultura de la isla caribeña.
Los canarios que llegaron a Cuba durante ese periodo se asentaron principalmente en las zonas rurales de la región central de la isla, dedicándose a la agricultura del tabaco y la caña de azúcar. Sin embargo, también se establecieron en los pueblos costeros, donde muchos se incorporaron a las actividades pesqueras. Fue en este contexto donde el joven Gregorio Fuentes, llegado desde Lanzarote alrededor de 1911, encontró su lugar en el mundo.
El viejo y el mar: la novela que lo inmortalizó
La novela corta El viejo y el mar, publicada por Hemingway en 1952, fue el detonante del Premio Nobel de Literatura que el escritor americano recibió en 1954. Su protagonista, el viejo pescador Santiago, ha sido identificado por muchos biógrafos e investigadores literarios como un trasunto de Gregorio Fuentes, aunque el propio Hemingway nunca confirmó explícitamente esta identificación.
Lo que sí es verificable es que los escenarios de la novela —el puerto de Cojímar, las aguas del Golfo de México, los rituales de la pesca de altura— son los que Fuentes y Hemingway compartieron durante años. La dignidad con la que Santiago afronta la lucha con el marlín, su profundo conocimiento del mar y su filosofía estoica ante la derrota y la pérdida son rasgos que los contemporáneos de Fuentes reconocen en el pescador lanzaroteño.
La memoria de Fuentes en Cojímar
Tras la muerte de Hemingway en 1961, Gregorio Fuentes continuó viviendo en Cojímar, el pequeño pueblo de pescadores al este de La Habana que había sido el punto de partida de las expediciones de pesca del escritor. Durante las últimas décadas de su vida, Fuentes se convirtió en un personaje de culto para los admiradores de Hemingway, que peregrinaban a Cojímar para escuchar sus recuerdos del escritor.
Fuentes sobrevivió a Hemingway cuarenta años, tiempo suficiente para ver cómo la novela que inmortalizaba su figura se convertía en un clásico de la literatura universal estudiado en escuelas y universidades de todo el mundo. Murió el 13 de enero de 2002, habiendo alcanzado los 104 años, con plenas facultades mentales y la misma dignidad serena que la ficción atribuía a su doble literario.
En Lanzarote, su isla natal, el recuerdo de Gregorio Fuentes es parte de la memoria colectiva de una sociedad que ha enviado a sus hijos a los cuatro rincones del mundo y que reconoce en ellos el rastro de una identidad atlántica que trasciende las fronteras geográficas.