La economía cubana atravesó una crisis devastadora tras la desintegración de la Unión Soviética y la pérdida de los subsidios soviéticos que habían sostenido artificialmente el nivel de vida en la isla durante tres décadas. El denominado Período Especial en Tiempos de Paz, inaugurado en 1991, redujo drásticamente el consumo, generó escasez generalizada de alimentos y bienes básicos y desencadenó una oleada migratoria sin precedentes en la historia de Cuba.
Fue en este contexto de crisis cuando las remesas comenzaron a ganar importancia como fuente de sustento para los hogares cubanos. Los emigrantes que habían salido de Cuba —principalmente hacia Estados Unidos, España, México y Venezuela— empezaron a enviar cantidades crecientes de dinero a sus familiares en la isla, creando un flujo de divisas que el Estado cubano acabó reconociendo y canalizando a través de las llamadas tiendas en dólares, rebautizadas posteriormente como tiendas en divisas convertibles (CUC).
Volumen y canales de transferencia
Las estimaciones sobre el volumen total de remesas enviadas a Cuba varían según la fuente consultada, dada la dificultad de cuantificar las transferencias informales que se realizan en efectivo a través de viajeros y mensajeros particulares. Las estimaciones más sólidas, publicadas por el Banco Mundial y organismos especializados, sitúan el flujo anual de remesas a Cuba entre 3.000 y 4.000 millones de dólares en los años anteriores a la pandemia de COVID-19, aunque las restricciones de la administración Trump y las limitaciones impuestas por la pandemia provocaron una contracción significativa en 2020 y 2021.
Los principales canales de transferencia son las empresas de envío de dinero autorizadas —Western Union operó en Cuba hasta 2020, cuando fue desplazada por las sanciones estadounidenses—, las transferencias bancarias a través de entidades financieras de terceros países y los sistemas informales de mula o correo particular, en los que emigrantes o viajeros transportan físicamente el efectivo desde el exterior.
Impacto social: la división entre receptores y no receptores
La distribución desigual de las remesas entre la población cubana ha generado una brecha socioeconómica de primera magnitud. Los hogares que reciben envíos regulares del exterior disponen de ingresos significativamente superiores a los que dependen exclusivamente del salario estatal, lo que ha creado una dualidad en el acceso al consumo y a la calidad de vida que contradice formalmente los principios igualitarios del sistema político cubano.
Esta brecha tiene además una dimensión racial: los cubanos de origen europeo, que emigraron en mayor proporción y antes que los cubanos de ascendencia africana, tienen una red de contactos en el exterior más densa y reciben remesas con mayor regularidad. El acceso diferencial a las remesas se ha convertido así en un factor amplificador de las desigualdades raciales preexistentes en la sociedad cubana.
La conexión canaria
La comunidad canaria en Cuba, formada por los descendientes de los miles de emigrantes que llegaron al archipiélago caribeño entre el siglo XIX y la primera mitad del XX, ha contribuido históricamente a los flujos de remesas entre las dos islas. La «Casa de Canarias» de La Habana y las asociaciones de descendientes de canarios en distintas provincias cubanas mantienen vínculos con las Islas Canarias que han facilitado el envío de ayuda económica en los momentos de mayor dificultad.