El Valle de La Orotava ha sido desde la colonización española un territorio definido por el agua. Las cumbres del macizo del Teide alimentan una red de manantiales, galerías y acequias que durante siglos distribuyeron el agua de riego entre las tierras agrícolas del valle, permitiendo el desarrollo de una agricultura de regadío excepcionalmente diversa en un entorno insular de recursos hídricos limitados.
Esta herencia hídrica ha marcado no solo la economía sino también la cultura y el paisaje de La Orotava. Los jardines y huertos del casco histórico, los lavaderos públicos, las fuentes monumentales y las acequias que todavía atraviesan el tejido urbano son testimonios de una civilización del agua que los orotavenses consideran parte esencial de su identidad.
Arte y patrimonio natural
La exposición Aguas y Luces para la Villa propuso a los artistas participantes una reflexión sobre estos dos elementos —el agua y la luz— desde perspectivas muy diversas: la pintura paisajística, la escultura, la fotografía, la instalación artística y el arte textil. Los trabajos resultantes mostraron la riqueza de interpretaciones que el patrimonio natural de La Orotava puede inspirar en artistas de distintas generaciones y formaciones.
Algunos de los artistas participantes optaron por una aproximación documental, registrando con fotografía o vídeo los elementos patrimoniales del sistema hídrico orotavense —acequias, lavaderos, fuentes— antes de que la modernización o el abandono los haga desaparecer. Otros eligieron una vía más abstracta, evocando la presencia del agua y la luz en la memoria colectiva a través de instalaciones que juegan con el reflejo, la transparencia y el movimiento.
La tradición de las alfombras de La Orotava
La exposición se enmarcó en el contexto más amplio de la tradición artística popular de La Orotava, cuya manifestación más conocida son las alfombras de flores y arena volcánica de colores que decoran las calles del casco histórico durante las fiestas del Corpus Christi. Las alfombras de La Orotava, consideradas entre las más elaboradas de España, son el resultado de un esfuerzo colectivo que moviliza a cientos de vecinos durante días y que produce composiciones de gran belleza y complejidad que desaparecen horas después de ser completadas.
Esta tradición de arte efímero, vinculada a la expresión religiosa y a la identidad comunitaria, proporciona un marco cultural en el que las iniciativas artísticas contemporáneas como Aguas y Luces para la Villa encuentran su lugar natural.