Las prospecciones sísmicas realizadas en las aguas próximas a Canarias han detectado la existencia de estructuras geológicas que podrían albergar hidrocarburos. Sin embargo, la densidad de esos yacimientos potenciales y su viabilidad económica son objeto de estimaciones muy dispares entre los geólogos que han estudiado la cuenca atlántica canaria.
El interés de las compañías petroleras internacionales por los fondos marinos cercanos a Canarias data de los años 1960, cuando las primeras prospecciones modernas se realizaron bajo concesión del Estado español. Sin embargo, la consolidación del modelo turístico y la creciente conciencia medioambiental fueron generando una resistencia social y política que bloqueó sucesivos proyectos de explotación.
El turismo como activo incompatible
El argumento central de los opositores a la extracción de petróleo en Canarias es la incompatibilidad entre la industria extractiva y el modelo económico basado en el turismo. Canarias recibe cada año entre 15 y 18 millones de turistas extranjeros, atraídos fundamentalmente por el clima, las playas y el entorno natural del archipiélago.
Un accidente de plataforma petrolífera —del tipo del producido en el Golfo de México en 2010 con la plataforma Deepwater Horizon— podría contaminar playas y fondos marinos durante años, causando un daño irreparable a la imagen turística de las islas. La industria turística canaria genera directamente alrededor del 35% del PIB regional y emplea, directa e indirectamente, a más del 40% de la población activa.
El debate cerrado por la ley de 2021
La Ley de Cambio Climático y Transición Energética aprobada en 2021 estableció la prohibición de nuevas concesiones de exploración y explotación de hidrocarburos en territorio español, incluyendo las aguas canarias. Esta decisión cerró legalmente el debate sobre la extracción de petróleo en el archipiélago, aunque los defensores de la exploración han cuestionado su compatibilidad con los compromisos internacionales de inversión.
El debate canario sobre el petróleo anticipa, en escala reducida, el dilema global que afrontan muchas economías insulares y costeras: la tentación de aprovechar recursos naturales subterráneos frente al riesgo de comprometer los recursos naturales en superficie que sostienen la economía visible y el bienestar de la población.